Naylea, de 12 años, Jordy, de 10, Esther, de 4, y Elías, de 3, no volverán a jugar, a sonreír, a soñar, a ir juntos a su iglesia ni a la escuela. Tres de ellos y su madre, de 30 años, quisieron huir de un trágico destino y no pudieron.