La puerta de la misericordia está abierta, dice Papa Francisco

El papa Francisco cerró ayer la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, como finalización del Año Santo de la Misericordia, que lo inició el 8 de diciembre del año pasado para enfatizar la necesidad de una mayor reconciliación y perdón en la Iglesia y en el mundo.

Después de cerrar la puerta fuertemente ornamentada, Francisco instó a unas 70 mil personas que asistieron a la misa en la plaza de San Pedro del Vaticano a que –si bien el año de plegarias y encuentros especiales ha terminado– permanezcan abiertas a las perspectivas de la reconciliación.

“Pidamos la gracia de no cerrar nunca las puertas de la reconciliación y el perdón, y de saber cómo ir más allá del mal y de las diferencias, abriendo todo camino posible de esperanza”, dijo el papa durante la homilía.

Un día antes, en una ceremonia en la que la iglesia recibió A 17 nuevos cardenales, el papa lamentó una oleada de hostilidad y polarización en el mundo, especialmente hacia aquellos que muchos consideran enemigos simplemente porque son de otras nacionalidades, religiones o razas.

“Así como Dios cree en nosotros, infinitamente más allá de los méritos que tenemos, también nosotros estamos llamados a inculcar esperanza y a ofrecer oportunidades a los demás”, dijo Francisco.

El Año Santo, que comenzó el 8 de diciembre de 2015, atrajo unos 20 millones de peregrinos a Roma, donde cruzaron la Puerta Santa en el Vaticano y otras basílicas de Roma.

Una larga fila de fieles serpenteó por la plaza la noche del sábado para tener la última oportunidad de cruzar por la Puerta Santa, que está al lado de la entrada principal de la Basílica de San Pedro.

Horas más tarde, el pontífice tiró lenta y firmemente de un lado de la puerta con paneles ornamentados, y luego del otro lado. La puerta estará sellada hasta que se declare otro Año Santo.

Durante la homilía, el papa se refirió a la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. “El evangelio presenta la realeza de Jesús al culmen de su obra de salvación, y lo hace de una manera sorprendente... Su realeza es paradójica: su trono es la cruz; su corona es de espinas; no tiene cetro, pero le ponen una caña en la mano; no viste suntuosamente, pero es privado de la túnica; no tiene anillos deslumbrantes en los dedos, sino sus manos están traspasadas por los clavos; no posee un tesoro, pero es vendido por treinta monedas”, señaló. (I)

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