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Ernesto Sámper: ‘No hay un revés, es giro normal en democracia’

Ernesto Sámper, secretario general de la Unasur, considera que los resultados electorales de Argentina y Venezuela no afectarán a la región, pero advierte que son los poderes fácticos los que constantemente pretenden crear ingobernabilidad en el región.

¿En qué circunstancia cierra el año 2015 la Unasur?

Hace un año recibí a Unasur, digamos en luna de miel, llevábamos una buena década de crecimiento, habíamos logrado reducir el número de pobres, las exportaciones creciendo y una situación de estabilidad democrática. Un año después las circunstancias son distintas.

¿Qué pasó en un año?

El principal factor es que se dañó la economía en toda la región, y cuando se produce eso se daña la política, y esos son los desafíos de 2016, de hacer compatibles visiones distintas dentro de una misma región.

¿Ante la adversidad económica de la región qué le espera a la Unasur?

Aprender a manejar las crisis para que no se produzcan rupturas en los procesos democráticos y tampoco se produzcan situaciones irreversibles en materia económica. La gran ventaja es que tenemos un gran acerbo de recursos naturales como petróleo, reservas hídricas y biodiversidad, pero puede ser parcialmente nuestra tragedia porque hemos montado un modelo extractivista de desarrollo.

¿Qué hacer frente a esa dependencia extrativista?

Eso tendríamos que superar y es en gran parte de lo que estamos planteando, pues la región tiene que aprender a agregarle valor a lo que tenemos, pues no podemos seguir viviendo solo de exportar cereales y minerales, tenemos que crear cadenas sociales de valor.

¿Qué avances reales existen, de ir hacia una matriz productiva?

Esta situación que ha vivido la región en los últimos años ha llevado de alguna manera a sacar de los anaqueles recetas que se consideraban que estaban derogadas, como invertir más en obra pública; pues hacer ajustes fiscales sería suicida; pues es mucho más fácil sacar una economía con cierta flexibilidad fiscal y no aumentando, en épocas de crisis, los impuestos.

¿Usted dice que colocar impuestos, no ha funcionado, cómo superar eso?

La región no paga impuestos, pues su capacidad de tributación no pasa del 20%; pero nuestro pecado es que los impuestos lo están pagando todos los sectores sociales sin discriminación. Entonces, la solución no es simplemente aumentar impuestos, sino generar producción.

¿Cómo evalúa el cambio en Argentina y en Venezuela?

Me parecen cambios lógicos desde el punto de vista político; no hay que hacer mucho dramatismo alrededor de estos cambios. De alguna manera la regla que estamos siguiendo en Unasur es de regionalismo abierto en lo económico, pero integración política en lo regional.

¿Cuál es su lectura ante los resultados electorales en Argentina y Venezuela, hubo un revés electoral a lo que venía sucediendo?

Más que un revés lo que sucedió fue un giro normal en una democracia. Independientemente de las afinidades que existan entre los países en materia ideológica creo que la región no está en una situación de confrontación ideológica, lo que hay son dos visiones de desarrollo que son totalmente legítimas que conviven dentro de un concepto región.

¿Cree que esos resultados son una respuesta a lo que la gente pedía, una puerta de escape?

La democracia está hecha para eso, si la gente quiere resolver sus diferencias no necesita la confrontación violenta ni situaciones de ruptura institucional, sino que lo puede hacer a través de una manifestación democrática.

¿A lo sucedido en Argentina y Venezuela se suma el anuncio de no postulación de Rafael Correa en el 2017, eso va a llevar a cambiar en algo a Unasur?

La Unasur tiene unos conceptos fundamentales que defender, pues es un escenario político, no es un proceso de integración; somos como el estadio en el cual se juegan los partidos y esos partidos son los que hacen los procesos de integración; nosotros estamos armando una mesa de convergencia y está funcionando con los distintos mecanismos de integración regional, ahí están concurriendo Unasur, el Alba, la Alianza del Pacífico y la Comunidad Andina.

¿Este nuevo escenario político en la región no afectará a ningún objetivo de la Unasur?

Las amenazas de la región no están donde convencionalmente se piensa que son dificultades. Las verdaderas amenazas están en el aparecimiento y la consolidación de unos poderes fácticos que son actores políticos que están haciendo política sin responsabilidad política; algunos medios y grupos de comunicación están litigando en función de sus intereses particulares, algunas organizaciones no gubernamentales internacionales, algunos jueces y fiscales que han terminado por judicializar la política, agencias de calificación de riesgo que destruyen países en cuestión de segundos, esos poderes fácticos están dificutando seriamente la gobernabilidad en América Latina; lo hemos visto en Argentina, Brasil y Chile.

¿La Unasur ha detectado esos poderes fácticos y que ha hecho frente a eso?

Hay que exigirles que si incursionan en actividades que producen impactos políticos tienen que hacerlo pagando los costos, con la transparencia con la que están actuando los actores políticos tradicionales.

¿En el caso del Ecuador, dónde están esos poderes fácticos?

Habría que entrar a mirar cómo están actuando y afectando las condiciones de gobernabilidad, es claro que en algunos países el impacto de esos poderes ha sido mucho más evidente como en Brasil. No vamos a volver a apreciar golpes militares, lo que estamos viendo son golpes pasivos que se van dando de manera imperceptible pero que van minando las posibilidades de gobernabilidad en los países, eso puede ser mucho más efectivo y doloroso en términos de costos institucionales.

¿La Unasur cómo va a manejar el tema migratorio en la región?

Nuestros problemas migratorios no tienen la dimensión de Europa, los que vienen de fuera de la región no son tan significativos, no llegan a un 4%. El problema es el de la movilidad de las personas, pues en un mundo globalizado estamos pidiendo que circule todo como capitales, los flujos de información, los bienes y servicios, y menos las personas; por ello, en sudamérica deberíamos dar el ejemplo.

¿Pero como volverlo uniforme, porque unos países serán más atractivos que otros?

No se trata de controlar la movilidad, sino entender por ejemplo que un estudiante puede empezar su carrera en Venezuela y terminar en Brasil. Que un médico ecuatoriano pueda ejercer tranquilamente en Chile.

¿Cuánto avance han tenido en este tema?

Vamos relativamente bien, pues ahora se puede circular en toda sudamérica con la cédula de ciudadanía; con la visa de Mercosur puede solicitar una visa de trabajo en cualquier parte de sudamericana y al momento hay unas 500 mil personas que están trabajando con esa visa.

¿En qué tiempo se puede lograr ese sueño de una movilidad plena en la región?

Hay aspectos que van avanzando rápidamente como la movilidad académica, y se tiene que hacer unos programas especiales para establecer políticas de retorno para los sudamericanos que viven fuera de la región.

¿Cuál es el desafío de la Unasur para el 2016?

Consolidar un bloque de movilidad académica, queremos crear una red de asistencia consultar con todos los estados sudamericanos, especialmente, con aquellos que viven fuera de la región, para que cualquier sudamericano pueda acudir a cualquier consulado de sudamericana para buscar apoyos fundamentales; queremos trabajar en la visa de Mercosur, para que no sea solo de dos años, sino de manera permanente; y, obtener las bases para el pasaporte sudamericano, para que la gente sin renunciar a su nacionalidad de origen pueda tener canales preferenciales de acceso como existe en Europa.

¿En Economía, cuál es el desafío de la Unasur?

Crear encadenamientos productivos a partir de una simple reflexión, no seguir buscando las oportunidades por fuera de sudamerica, las oportunidades están aquí adentro. El hecho de que el comercio intraregional sea apenas del 18% da la idea que no estamos comerciando entre nosotros. Hay que cambiar el chip, las oportunidades están aquí.

¿En Política?

Mantener este compromiso sobre lo fundamental, para demostrar que el concepto de integración política no es incompatible con que haya distintas visiones de desarrollo, con que haya alianzas estrategias en la parte económica. (I)

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