Comparemos lo que dice la Constitución con lo que dice la realidad de la vida ecuatoriana, respecto de las personas de tercera edad.

El art. 36 expresa que son viejos los que han cumplido 65 años de edad; usan el maquillaje de decir “adultos mayores”.

Además la Constitución en su art. 1 conceptúa al Ecuador como “un Estado constitucional de derechos y de justicia social”.

Es decir, que esos derechos y esa justicia social son para todos los ecuatorianos, sin distingos de edad.

Por ello es prohibida la discriminación por motivos de edad, además la Constitución garantiza al adulto mayor trabajo remunerado en función de sus capacidades y limitaciones.

Todo esto contrasta con lo que se ve en los medios de comunicación respecto de médicos de hospitales públicos a quienes se los botó sin consideración ni respeto; a otros viejos y no tan viejos se los excluyó de sus trabajos, en diferentes oficinas públicas, que está garantizado por la Constitución, por medio de la “renuncia voluntaria”; lo que sucedió en la realidad es que los “renunciaron” sin contar con su voluntad. Todo lo que digo es de carácter público, consta grabado en los medios de comunicación.

Los discursos son en favor de los jóvenes, este es el Gobierno de los jóvenes, solo examinen las oficinas públicas, los registros civiles, las fiscalías, los ministerios, hasta los guías de la Penitenciaría...! En la Cancillería igual, experiencia no cuenta.

Entonces: ¿por qué los sabios del mundo todos son mayores de 60 años?

La historia nos demuestra que una sociedad que es guiada por la inexperiencia juvenil siempre al final pasa factura contra todos. Las sociedades sabias siempre escogerán a los viejos, mayores de sesenta años, para su conducción, sin que esto quiera decir que muchos jóvenes capaces, preparados y honestos no vayan a estar a su lado.

Entendemos por jóvenes los que llegan hasta 30 años de edad.

Hay excepciones en la historia pero ellos son los genios, como Napoleón Bonaparte que fue dueño de Europa a los 33 años, pero ojo, repito... esos son los genios.

Que algún bobo vanidoso no se crea “genio” porque lo hicieron ministro a los 28 años; debe recordar que pasó desapercibido. El presidente Correa no debe olvidar que fueron los abogados de mucha experiencia quienes criticaron las exageradas garantías de la Constitución actual.

A Hitler en la Segunda Guerra Mundial le ganaron tres ancianos: El presidente de Estados Unidos, Roosevelt, un lisiado; el dictador de Rusia, Stalin; y el genial anciano primer ministro de Inglaterra, sir Winston Churchill.

Una vez más en nuestra historia: ciertas garantías constitucionales sirven muy poco en la vida real.

¿Será que se hicieron cálculos electorales y las encuestas indican que los jóvenes son cientos de miles; y los viejos, solo cientos?

¿Podemos calcular cuántos ancianos han salido de la función pública?

¿Es una nueva forma de enfrentamientos: los jóvenes pertenecen a la revolución; los viejos, a la partidocracia?

El futuro de la patria se dará cuando viejos y jóvenes de toda condición, unidos, trabajen honradamente por ella.