El estómago y la conciencia de quienes sufrimos en carne propia las dictaduras que asolaron a nuestro continente no soportan fácilmente episodios como los que ha vivido el país en los últimos días. El estómago se revuelve y viene la inevitable sensación de náusea cuando ve a los amigos de esos días transformados en actores de una escena que antes la habrían condenado por autoritaria, vejatoria y reaccionaria. La conciencia se niega a aceptar que sean los mismos de antes, los que por su experiencia de vida y no por cuentos ajenos, alguna vez comprendieron que la diferencia existente entre la vigencia y la no vigencia de los derechos humanos es la misma que hay entre la vida y la muerte. Ni el estómago ni la conciencia pueden aceptar, peor entender, que ahora cambien su propio pasado por las prebendas y migajas que reciben de un caudillo de derecha.

Como si no recordaran que el único amparo seguro en aquellos tiempos era el exilio, ahora lo consideran cobardía o lo toman para la burla. Olvidando a los compañeros que se pudrieron esperando inútilmente una justicia que había sido intervenida, ahora celebran una sentencia que antes les habría llenado de vergüenza. Sin detenerse a recordar la infinidad de conversaciones que debieron hacerse en susurros, ahora ven como lo más normal del mundo que un fulano por ahí difunda el contenido de los correos electrónicos interferidos. Sumidos en la amnesia de la conveniencia, han perdido la cuenta de los amigos que salvaron sus vidas gracias a la acción decidida y decisiva de los organismos internacionales a los que su jefe quiere eliminar.

Hasta ahora parecía que se trataba de simple oportunismo, de la borrachera producida por el ulular de sirenas al desplazarse sin obstáculos por la ciudad, del mareo originado en la corte de lambiscones, del vértigo cegador que trae cada orden obedecida por el subordinado. Pero es obvio que esa explicación no es suficiente, porque eso solo significaría que ellos están haciendo el mismo ejercicio del poder que siempre cuestionaron. Es eso, pero a la vez es mucho más. Ellos no solo están ejerciendo un poder, sino que están conformando uno alternativo. No es aquel poder que se iría extinguiendo conforme se fuera democratizando la sociedad, como sostenía la utopía de entonces, sino un poder que ya no requiere de principios ni de ideologías para justificarse.

La izquierda se renovó en la mayor parte de países de América Latina. Se reencontró con la democracia, que históricamente le pertenecía y le pertenece. Los derechos y las libertades volvieron a ocupar el centro de su propuesta. Pero, en Ecuador una buena parte de la izquierda, esa que aplaudió en la escena vergonzosa y funesta, abandonó los principios y se encontró con las delicias del poder descarnado. Por ello no tiene reparos en convivir con los personajes más siniestros de la derecha y en levantar las banderas que incluso las dictaduras las mostraban solamente en momentos de desesperación.

No, ni el estómago ni la conciencia pueden soportar esa vergüenza.

Vergüenza
El estómago y la conciencia de quienes sufrimos en carne propia las dictaduras que asolaron a nuestro continente no soportan fácilmente episodios como los que ha vivido el país en los últimos días.
2012-02-26T12:01:19-05:00
El Universo

Durante diez años consecutivos las baladas de Edhisson fueron canciones del año. Nació en Vilcabamba, pero a inicios de su carrera algunos creían que era un cantante extranjero.

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