Papagayo de Guayaquil, enfrentada a la extinción

Se profesan una especie de amor eterno que cuando uno muere, el otro también no tarda en morir de pena o pierde su capacidad reproductiva. No hay mayores estudios que confirmen esa extrema fidelidad, pero esa vida monógama se suma a las amenazas que ponen en peligro al futuro del papagayo de Guayaquil, especie endémica del país y declarada ave símbolo de la ciudad.

En el Bosque Protector Cerro Blanco se recuerda que años atrás cuando un tigrillo devoró a uno de estos papagayos el otro dejó de alimentarse y a la semana murió.

Con el verde predominante entre las coloridas plumas rojas, azules, blancas, amarillas y naranjas, los papagayos de Guayaquil, Ara Ambigua Guayaquilensis, por su nombre científico, o también conocido como guacamayo Verde Mayor cada vez son menos y según el Libro Rojo está registrado en la sección de peligro crítico y considerada una de las tres especies de aves identificadas como las más propensas a desaparecer en los próximos 5 a 10 años.

Los resultados hablan de esa realidad. Distribuidos en dos poblaciones totalmente separados en Esmeraldas, en el Bosque Tropical Lluvioso, y en Santa Elena y Guayas, en el Bosque Seco Tropical, se estima que actualmente, a base de reportes de avistamientos, hay apenas 30 individuos en estado natural y no los 40 a 60 de Libro Rojo. De ellos 12 en el área de Cerro Blanco, revelan los datos de la Fundación Pro Bosque, organización que maneja Cerro Blanco y desde 1996 lidera la conservación del papagayo de Guayaquil.

Los peores escenarios también proyectan una reducción de por los menos el 80% de la población en los próximos 27 años, donde el hombre se presenta como su principal predador con la caza para el tráfico ilegal o alimento, deforestación para la extracción de la madera y la consiguiente destrucción de su hábitat, incendios forestales y la invasión de tierras para asentamientos humanos.

El hogar de los papagayos de Guayaquil, donde surcan el cielo o se mimetizan entre las copas de los árboles de pechiche, cocobolo o pigío para conseguir sus alimentos o posarse para masticar bulbas de orquídeas, está cada vez más pobre de este tipo de plantas. Se ha confirmado que los papagayos en bosque seco se alimentan de por lo menos 9 especies de árboles (frutas y nueces).

En total se ha identificado 36 potenciales plantas alimenticias de bosque seco, mientras en bosque húmedo aún no se han hecho estudios para determinar las fuentes alimenticias.

De su comportamiento se sabe poco a falta de estudios. Cuando comienzan a volar o en señal de alarma emiten los característicos ¡rraaah! Los sonidos se vuelven chirriadores cuando están en grupo. Se vocalizan mucho y disfrutan de acicalarse las plumas entre ellos. Durante el cortejo los gritos desaparecen. Casi no hacen ruido y solo emiten unas vocalizaciones suaves.

Al acercarse el tiempo de nidificación, en verano, se separan en parejas que se forman de por vida. Afuera del nido no dejan acercarse a las personas, una centinela hace la alarma y permanecen alerta para levantar el vuelo en caso de ser necesario, por lo general temerosos de cazadores, quienes buscan robarles los pichones o a veces dispararlos.

Para nidificar buscan árboles de pigío secos o que están en sus últimas etapas de vida y que tienen una cavidad en el tronco formada de manera natural.

Las observaciones en Cerro Blanco revelan que en las parejas, la más grande es la hembra, la que incuba los huevos y empolla los polluelos. Ella a veces sale del nido por ratos, pero nunca se ha visto alejarse más de 60 metros.

El macho sale de la cercanía del nido dos o tres veces al día en búsqueda de comida. En cada salida se demora dos o tres horas. A medida que crece el o los polluelos (en el Papagayo de Guayaquil es común tener dos pichones) la hembra comienza a acompañarlo por periodos prolongados de tiempo.

Dos de ellos, Esperanza y Karlitos, bautizado en honor de Karl Berg, quien lideró los primeros trabajos del campo del Guacamayo Verde Mayor en Cerro Blanco entre 1997 y el 2000, nacieron en octubre del año pasado en los alrededores de Cerro Blanco. Fue el momento más esperado por directivos de Pro Bosque tras más de nueve años de investigaciones para ubicar nidos al natural.

El periodo de invierno ha impedido el acceso y tener avistamientos de Carlitos y Esperanza y se espera continuar con el trabajo de campo en junio próximo, refiere Eric Horstman, director de Pro Bosque.

Los intentos por la conservación de la especie también se han orientado a la reproducción en cautiverio. En la Fundación de Rescate Jambelí con ocho parejas formadas, de las cuales cuatro son reproductivas, se ha logrado reproducir 41 papagayos. Mientras desde los inicios del programa en 1997 se han rescatado a 22 papagayos a través de entregas voluntarias y decomisos.

En cautiverio las parejas son altamente selectivas y agresivas durante la incubación y crianza del pichón. Ponen hasta tres huevos cada cuatro días en un periodo de reproducción. El tiempo de incubación es de 28 días y el porcentaje de supervivencia es del 54%, refiere Rafaela Orrantia, directora de la Fundación Rescate Jambelí.


Próximo domingo:
Decenas de tortugas de Galápagos vuelven a casa.