Sábado 26 de julio del 2008 El Gran Guayaquil

El Hemiciclo de la Rotonda, un ícono histórico de Guayaquil

GERMAN ARTETA

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Junto al río Guayas se levanta el hermoso conjunto escultórico que perpetúa el encuentro de Simón Bolívar y José de San Martín en Guayaquil, un 26 de julio de 1822.

La arquitectura es un   representativo  monumento de entre los que hay en la ciudad.

El conjunto escultórico que perpetúa el histórico episodio que protagonizaron en nuestra ciudad los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín el  26 de julio de 1822 se convirtió en otra de las  representativas estampas del paisaje urbano, como lo son la Columna a los Próceres Octubrinos del parque del Centenario, la Torre Morisca  (reloj público), el monumento ecuestre de Simón Bolívar, el monumento a José Joaquín de Olmedo, entre muchísimos otros que se ubican en distintos sectores porteños.

Sobre los orígenes de la estatuaria que evoca el encuentro de los genios militares de la emancipación americana, el conocido Congreso Nacional resolvió en agosto de 1913 erigirla en nuestra ciudad y que el decreto quede archivado en la Cámara de Diputados.

Frente a las circunstancias, el Cabildo guayaquileño resolvió un monumento y delegó a la Sociedad Bolivariana que coordine los trabajos, para cuya realización entregó un primer aporte de diez mil sucres.

En 1927 se conoce la relación del Presupuesto para concluir la obra de la Rotonda, constituida por un semicírculo de mármol para marco del monumento. Esa labor la dirigió  la Sociedad Constructora Nacional Fénix y se terminó en 1929.
Posteriormente se colocó la primera piedra del basamento que serviría para sustentar el conjunto escultórico; el Concejo en 1935 adjudicó  la obra al escultor español José Antonio Homs, a quien también se le pidió realizar los conjuntos escultóricos del pórtico norte de la Plaza del Centenario. Además, se conoció que la concepción general del proyecto arquitectónico se dio al escultor Juan Rovira.

Mas ocurrió que en la sesión de noviembre de 1936, el Cabildo,  que presidía entonces el recordado Patricio Luis Vernaza, junto a la corporación municipal en su acta, dejó constancia que si bien los bocetos para el monumento  era  de mérito, pero muy inferiores al proyecto, se recomendó remitir al escultor Homs las  fotografías del proyecto para que, debidamente estudiado, remita otro boceto del monumento que satisfaga de mejor manera.

Homs acogió la sugerencia y desde Barcelona, España, remitió el material  solicitado. En febrero de 1937 la Comisión de Obras Públicas del Cabildo presentó un informe al pleno y opinaba que la corporación podía aceptar uno de los bocetos del artista.  Con todos estos detalles en orden se comenzó el trabajo de las estatuas  que fueron modelados y vaciados en Barcelona, en tanto, los altorrelieves de las placas fueron fundidos en Florencia (taller Beneducce y Marinelli).

El 25 de julio de 1937 arribó Homs y el 28  llegaron las estatuas en el vapor holandés Bos Koop.  Inmediatamente comenzaron los trabajos de colocación en mayo de 1938, con la novedad de que un grupo de bajorrelieves sobre las más célebres batallas de Bolívar y San Martín se guardaron. En cambio, el hemiciclo de columnatas de mármol y el entorno de los escudos de los países liberados por los generales pertenecen al escultor Juan Rovira, también de origen español.

Hay que resaltar que los jarrones del entorno de La Rotonda son de la autoría del escultor italiano Emilio Soro, de larga y fecunda actividad artística en tierra guayaquileña. El historiador José Antonio Gómez Iturralde, director del Archivo Histórico del Guayas, en su libro  Diario de Guayaquil  señala que inicialmente La Rotonda fue redonda y allí se pensó colocar la estatua del mariscal Antonio José de Sucre pero debido a  los automóviles la frágil estructura se deterioró y dio paso al hemiciclo y se eliminó definitivamente la vía de circunvalación.

Si el mismo sitio donde se levanta el Hemiciclo de La Rotonda fue el histórico escenario para el abrazo fraternal de los colosos que liberaron del colonialismo hispano a los pueblos de esta parte del continente americano, igualmente lo ha sido al paso de los años para  observar allí en meditada contemplación y alegría cívica al ciudadano común, a familias enteras, mandatarios, diplomáticos, turistas nacionales y extranjeros, reinas de belleza.

Además, ese monumento sigue acogiendo momentos trascendentales de la historia, pues sirve, asimismo, para representaciones artísticas y culturales, concentraciones patrióticas y políticas, entre otros certámenes de distinta índole.

Esto, pues, un brevísimo recuento de los inicios y la proyección de este monumento emblemático de la fortaleza cívica de los guayaquileños.

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