Martes 18 de diciembre del 2007 El Gran Guayaquil

Los villancicos y chigualos son parte de las tradiciones musicales de diciembre

Germán Arteta

FOLCLORE NAVIDEÑO

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La vigencia de los villancicos continúa con la ayuda de los festivales escolares y colegiales.

Dulce Jesús mío, Ya viene el Niñito, Claveles y rosas, No sé Niño hermoso, Bienvenido seas, Entre pajas y heno, A Belén va una burra, Ay, de Chirriquitín, etcétera, constan entre las más populares composiciones.

Según muchos estudiosos de la música en  Ecuador, el villancico tuvo su origen en la Edad Media, cuando San Francisco de Asís inició la celebración de la Navidad con el arreglo de los belenes, nacimientos o pesebres. Sostienen, asimismo, que este llegó al Ecuador, inicialmente a Quito, en la época colonial, y que se afianzó por la difusión que le dieron los primeros religiosos franciscanos.

Otros musicólogos explican y coinciden que el villancico ecuatoriano está basado musicalmente en el sanjuanito indígena, porque numerosas composiciones poseen esa característica. Sin embargo, cuando la melodía se compone e interpreta en otros sectores ecuatorianos, como los del Litoral, la composición adquiere diferentes características o estilos.

En general, la difusión del villancico aumentó por la labor didáctica de músicos y sacerdotes, y como consecuencia que los mestizos, indios y negros los incluyeron en su repertorio con propias adaptaciones. Todo facilita que la melodía siga vigente, aunque sin la profusión de antaño debido a la presencia de nuevos ritmos y  porque su mensaje toma plena vigencia para las fiestas de Navidad  y de Reyes.

Algunos nombres
En cualquier lugar del país donde se interpreta, nuestro villancico conserva su rica poesía y contagiante música, pero sí cambia su denominación. En Manabí lo llaman chigualo; la población negra de Esmeraldas e Imbabura, además de chigualo le dice tono de Navidad, aguinaldo e incluso arrullo, y en numerosas poblaciones andinas le dan el apelativo de tono del Niño.  No olvidemos que por su alta dosis de poesía y canto, el villancico permite mezclar la danza y dramatización.

Los festejos populares identificados con el folclore social de diciembre, las reuniones familiares, barriales e institucionales que incorporan la interpretación de esos hermosos temas, logran una especial algarabía que contagia a protagonistas y asistentes. Esto, mientras disfrutan de los potajes típicos de la temporada (chocolate, dulces, panes, bizcochos, rompope, buñuelos, etcétera) y, por supuesto, de los juegos pirotécnicos.

Entre los escritores y músicos ecuatorianos que han aportado al enriquecimiento de esta composición consta el lojano Salvador Bustamante Celi (1876-1935), quien legó temas de popularidad que aún escuchamos y entonamos como Dulce Jesús mío, No sé Niño hermoso, Ya viene el Niñito, Venid pastores, Lindo Niño, En los brazos de una doncella, entre otros conocidos.

Autores e intérpretes
Igualmente forman la nómina Hermenegildo Rodríguez Parra, José Nicolás Rodríguez, José Vanegas, Segundo Cueva Celi y Segundo Luis Moreno, de aporte significativo. En las últimas décadas resalta el trabajo de los sacerdotes Hernán Pinzón, John Macías, Medardo Ángel Mora y Hugo Vázquez Almazán, con villancicos  que armonizan lo bíblico con tradiciones y  estampas urbanas. Las cantantes Astrid Achi, Hilda Murillo y Margarita Laso tienen grabados discos compactos con villancicos navideños.

Esos trabajos comparten popularidad con las tradicionales realizaciones de los Pibes Trujillo, Luisín, Los Niños Cantores de Navidad, Los Zagalitos,  Paulinos, Los Niños Cantores de Hijaraz y demás artistas ecuatorianos y extranjeros, reproducidos últimamente en tecnología moderna. El conjunto musical del maestro Luis Antonio Medina Manrique puso en circulación Aires navideños, con las voces del niño Segundo Andrade Moscoso y Gonzalo Vaca. Se conocen, igualmente, el trabajo discográfico Al Niño Nazareno (villancicos andinos) del grupo Génesis, y otro de Claudio Jácome Harb. 
  
Llegó diciembre y con él su carga de alegría. Los villancicos han retornado y se los escucha en incontables hogares que los conservan en discos de vinilo o compactos, en los almacenes y puestos callejeros que también ofrecen juegos de luces y adornos navideños, en los festivales de  coros que organizan escuelas, colegios y otras entidades.
En fin, todo es oportuno para las remembranzas a las que nos llevan los bellos acordes de los contagiantes villancicos, rasgo de nuestra identidad.

El Gran Guayaquil

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