La oración es como la respiración que permite al creyente seguir viviendo y asumiendo sus compromisos, desde el Evangelio, para construir un mundo mejor.
La oración nos compromete a cambiar el mundo según los criterios y los valores del Reino proclamado por Jesús.
#2
¿Qué compromiso nos pide el Señor?
Asumir la lucha contra las injusticias sociales para hacer presente el Reino. ¿Cómo creer en un Dios bueno, justo y liberador frente a la injusticia, la miseria y la explotación en que vive nuestro pueblo?
Si el mal y la injusticia no vienen de Dios, sino del hombre pecador, y de la sociedad construida al margen de la ley de Dios, el bien y la justicia tampoco llegan de forma mágica, sino con nuestro compromiso y con nuestro aporte positivo y eficaz.
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La esperanza de los pobres en el Dios justo está ligada al compromiso de la Iglesia y de los cristianos por la justicia. Lo que comprende no solo la credibilidad de la Iglesia, sino también la credibilidad del Dios anunciado por Jesús.
La oración de los cristianos debe ser histórica –aquí, ahora–, debe presionar, como la viuda del Evangelio, para que se haga justicia, para que llegue el Reino.
Desde la fe, debemos dar una respuesta eficaz a la situación de explotación y desamparo de los pobres, representados por la viuda, que están en manos de gobernantes insensibles y de jueces injustos.
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#3
¿Cuál es mi respuesta, hoy?
* Cuando rezamos, ¿pedimos a Dios que nos resuelva los problemas, o le pedimos su fuerza para resolverlos nosotros mismos?
* Si el Reino de Dios fue el proyecto de Jesús, ¿no debería ser también el nuestro cuando rezamos y cuando trabajamos?
* Para entender el padrenuestro leer en el catecismo de la Iglesia.
Evangelio
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas
Asamblea: Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:
“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’.
Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’.
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Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen ustedes acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?”.
Palabra del Señor.
Asamblea: Gloria a ti, Señor Jesús.


















