El papa Benedicto XVI denunció este domingo en Nápoles, al sur de Italia, a la mafia napolitana, la Camorra, y exhortó a los católicos para que luchen "contra todas las formas de violencia" durante una misa celebrada al aire libre en la céntrica plaza del Plebiscito.

Ante miles de fieles y bajo una fastidiosa lluvia con ráfagas de viento  frío, el Papa enumeró los principales problemas de la capital del sur de la península, entre las ciudadades europeas más azotadas por la mafia y el desempleo.

"Para muchos de ustedes la vida no es fácil", afirmó el Papa, que habló de la "pobreza, la escasez de habitaciones, el desempleo y la ausencia de porvenir", dijo.

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"El problema no son sólo los lamentables delitos que comete la Camorra, sino la mentalidad violenta que se está propagando en los tejidos de la  sociedad, en particular dentro de los jóvenes", aseguró durante su homilía.

Benedicto XVI pidió que se multipliquen los esfuerzos por una mayor  prevención en las escuelas y en los ambientes de trabajo, de manera que se  ayude a la juventud a ocupar mejor el tiempo libre.

"Hay que involucrar a todos y cada uno en la lucha contra todas las formas  de violencia" y "transformar las mentalidades y las actitudes", exclamó.

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Después de la ceremonia, el Papa se reunirá en el seminario mayor de  Capodimonti con los altos representantes de diversas religiones congregados en  Nápoles por iniciativa de la comunidad católica italiana San Egidio.

Por primera vez desde el comienzo de su pontificado, en abril de 2005,  Benedicto XVI se reunirá al mismo tiempo con el patriarca ecuménico ortodoxo  Bartolomeo I, el arzobispo anglicano de Canterbury Rowan Williams, el gran  rabino de Israel Yona Metzger, y el imán de los Emiratos Arabes Unidos Ibrahim  Ezzedin.

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Igualmente asistirán representantes de otras religiones orientales, entre  ellas de la budista y la hinduista, explicaron fuentes de San Egidio.

El lema del encuentro será "Por un mundo sin violencia: religiones y  culturas dialogan".

El Papa acudirá en la tarde a la catedral napolitana para venerar las  reliquias de San Genaro, el santo protector de la ciudad y cuya sangre cada año en dos ocasiones se vuelve líquida, lo que los católicos consideran un  milagro.