lunes 04 de diciembre del 2006 Columnistas

Además con plata

Rafael Correa no termina de creer en su buena estrella: Sixto, Borja y Abdalá llegaron a la tercera; ni Álvaro ni León Roldós han llegado en tres intentos, ni Nebot en dos. Y él, a la primera.

Además, con plata en las arcas fiscales. Las medidas petroleras: la ley del 50%-50%, que reparte para el Estado el 50% de los nuevos ingresos de las petroleras traídos por el alza en el precio del petróleo, y la caducidad de Occidental, unida a la dificultad que tiene el Estado, agravada en el gobierno actual, de realizar obras de infraestructura, significa que el gobierno recibirá por lo menos unos $ 1.200 millones de fondos de inversión disponibles por el ejercicio del 2006, más lo que reciba del 2007.

Cierto es, Jaime Roldós, Febres-Cordero y Lucio también llegaron a la primera, y Roldós también en épocas de vacas gordas. Pero eso fue hace 27 años.

Algunos lectores se preguntarán, ¿pero si acaso no hemos escuchado de dificultades en la caja fiscal? Las dos cosas no se contraponen: esos fondos petroleros no pueden usarse para salarios y otros gastos, sino para inversión. Además, el gobierno ha estado reduciendo su endeudamiento tanto interno como externo, y hoy la deuda pública es menor en $ 1.000 millones a lo que era a inicios del año; lo que es bueno, pero causa problemas de caja.

A lo que más se parece el triunfo de Correa es al de Roldós. Aquella debió ser la primera elección que Correa recuerde, ya que antes de Roldós en 1978, hay que remontarse a la campaña de Velasco Ibarra en 1968, cuando Correa tenía 5 años.

El gobierno de Roldós también se inició con una gran euforia popular, habiendo derrotado a candidatos de mayor trayectoria política, y en medio de enormes expectativas de incremento de sueldos y en general de beneficios sociales. Desde el momento en que la dictadura militar decidió entregar el poder, hasta las primeras medidas salariales del Congreso del 79, se duplicó la remuneración mínima, en un periodo en que el tipo de cambio estuvo fijo en 25 dólares.

Me recuerdo de ello, ahora que en la campaña, Correa ofreció duplicar el salario mínimo a 300 dólares.

Entonces como hoy, la bonanza la produjo un extraordinario incremento en los ingresos petroleros. Se pensó que se trataba de una fuente inagotable.
Pero la producción petrolera se estancó, cayó el precio, golpeó el peor El  Niño en la historia (que se repitió en 1998), y el gasto corriente continuó como si no pasase nada.

Jaime Roldós no pudo contener la avalancha de las expectativas. A fines de 1982 entramos en una crisis que significó caída del Producto Interno Bruto, devaluación y reestructuración de la deuda. El poder adquisitivo se esfumó. De la bonanza quedó solo lo comido y bailado.

Rara vez, un país se saca la lotería dos veces. Que esta vez el premio mayor se invierta y no se gaste. Para qué sirve duplicar sueldos y bonos, aumentar subsidios, si el aparato productivo no garantiza que ese poder de consumo podrá mantenerse.

Pasó en el 82. No repitamos la historia.

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