El tiempo de este Gobierno ya ha pasado, es cosa juzgada (y mediocremente juzgada), aunque le quedan muchas tareas por cumplir, de las cuales algunas son muy importantes para el país: mantener la estabilidad fiscal, cerrar la doble negociación (interna y externa) del TLC, decidir sobre los litigios petroleros (caducidad del contrato de Occidental y renegociación de los demás contratos), quizás poner nuevamente en marcha  el mundo de la educación y arrancar con el famoso programa del aseguramiento universal de la salud. Duras tareas para un Gobierno que parece tan poco capaz de enfrentarlas.

Pero, como este tiempo ya ha pasado, debemos ir pensando en los desafíos del que vendrá en enero del 2007, y en parte porque será nuestra obligación ir a las urnas con  más conocimiento, más seriedad y menos apasionamiento. Y podemos entonces delinear algunos de los retos que enfrentará ese próximo Gobierno.

1) No trabajar en base a obras y proyectos puntuales, sino en base a visiones de largo plazo. El país necesita crear espacios de interacción más libres, más competitivos, más descentralizados y donde los ciudadanos puedan ejercer su derecho a escoger, a actuar, a presionar, a exigir y eventualmente a equivocarse. Esos espacios se llaman mercados, que es lo que menos tiene nuestra sociedad. Y en ese sendero hay mil reformas que emprender en ámbitos amplios y variados. Por ejemplo, no podemos seguir viviendo en una sociedad donde la única alternativa educativa del niño pobre es la escuela fiscal de la esquina, él debe recibir un bono educativo y con eso ir a buscar quien le ofrezca mejores condiciones educativas (por ahí surgirá un centro religioso, una asociación de padres, una iniciativa municipal o empresarial). Misma situación en seguridad social: un sistema competitivo donde la gente pueda escoger dónde colocar sus recursos de futura jubilación. Y esa misma creación de mercados competitivos se debe buscar en toda la cadena petrolera (donde no hay competencia aunque al final del proceso aparezcan empresas distribuidoras de gasolina de gran prestigio internacional) y en electricidad (empezando por las famosas empresas de distribución).

2) Se deben ampliar masivamente las oportunidades de los que menos tienen: educación, salud, derechos de propiedad, acceso al crédito en un mercado más competitivo, capacitación, asistencia técnica. Ser todos los ciudadanos dueños de las empresas hoy públicas. La inequidad debe caer fuertemente en los siguientes 4 años.

3) Romper con tanta ventaja de tantos. Los empresarios que esconden los impuestos con mecanismos variados. Los sindicalistas dueños de las empresas del Estado (es decir nuestras). Los informales que viven del contrabando y de la evasión tributaria. Todos los que reciben ayudas gubernamentales para sus jubilaciones cuando el Estado solo debería apoyar una pensión mínima para los más necesitados. Los universitarios que estudian casi sin pagar por ese servicio (un plan masivo de crédito es fundamental). Los que viven con comodidad de la riqueza petrolera porque están donde deben estar. Los municipios que exigen fondos pero ninguna responsabilidad a cambio. Los que viven de preasignaciones estatales y con cero rendición de cuentas... ¡Tantos!