Bush se expresó claramente con respecto al caso de Terry Schiavo. Ojalá se esforzara del mismo modo por tratar de salvar las vidas de los dos millones de personas que han sido expulsadas de sus hogares en Darfur.
Finalmente, por fin, el presidente George W. Bush está mostrando un poco de fuerza con respecto al tema del genocidio en la región de Darfur. ¿Pero acaso se está usando esa fuerza para detener el genocidio de cientos de miles de pobladores? No, trágicamente; es para detener al Congreso estadounidense con el fin de que no emprenda acciones.
De manera increíble, el gobierno del presidente Bush está luchando para eliminar la Ley de Rendición de Cuentas de Darfur, misma que sería el paso más vigoroso que ha dado Estados Unidos hasta la fecha en contra del genocidio. El anteproyecto de ley, aprobado por el Senado, se pronuncia por medidas como el congelamiento de activos de los líderes del genocidio y la imposición de una zona de exclusión aérea con el respaldo internacional, para así impedir que el ejército de Sudán ataque aldeas.
La Casa Blanca salió de su estupor de indiferencia con respecto a Darfur para enviar una carta, una copia de la cual tengo en mi poder, dirigida a líderes del Congreso, dándoles instrucciones para que eliminen cláusulas acerca de Darfur contenidas en la legislación.
Bush pudiera reflexionar con respecto a un dicho del presidente Kennedy: “Los lugares más candentes en el infierno están reservados para aquellos que, en un periodo de crisis moral, mantienen su neutralidad”.
Aparte del esfuerzo con miras a obstruir una acción del Congreso estadounidense, existen otras indicaciones de que el presente Gobierno está tratando de dar marcha atrás con respecto a Darfur. La primera indicación llegó cuando Condoleezza Rice concedió una entrevista al The Washington Post, en la cual ella evitó preguntas con respecto a Darfur y subestimó de manera deliberada el número de tropas de la Unión Africana que se necesitaban allá.
Después, en Sudán, el subsecretario de Estado, Robert Zoellick, se negó acerbamente a repetir el juicio del Gobierno estadounidense en cuanto a que los asesinatos equivalen a genocidio. Zoellick también citó un estimado absurdamente bajo de la cifra total de muertos en la región de Darfur: de 60.000 a 160.000. De manera alterna, cada estimado serio con respecto a lo anterior es mucho más elevado. El más reciente, por parte de la Coalición para Justicia Internacional, es de casi 400.000, y aumenta a una tasa de 500 al día.
Esto no es un asunto partidista, ya que republicanos y la derecha cristiana encabezaron la marcha para dar el soplo en lo concerniente a la matanza en Darfur. Uno de los resultados de lo anterior fue que, mucho antes de que los demócratas se hubieran abrumado con respecto al tema, el presidente Bush estaba telefoneando al líder de Sudán y pugnando por un cese al fuego allá.
Más adelante, Bush se refirió de manera directa a la matanza en términos de genocidio, y ha seguido respaldando el paso crucial de una mayor fuerza de la Unión Africana para que suministre seguridad. Es probable que, tan solo con las pequeñas medidas que Bush tomó, se hayan salvado cientos de vidas humanas.
Entonces, ¿por qué el presidente Bush se muestra tan reacio a hacer un poco más y salvar, quizás, a varios cientos de miles de vidas adicionales? Yo percibo que existen tres razones.
En primer lugar, Bush no ve ninguna solución pulcra, y él tiene muy en cuenta que su padre fue a Somalia por razones humanitarias y terminó con un caos.
Luego, Bush se siente muy orgulloso –de manera justa– por haber contribuido para asegurar la paz en el conflicto entre el norte y el sur de Sudán. Esa paz es muy frágil, y a él le preocupa que si ejerce presión sobre Sudán en lo tocante a Darfur, eso pudiera alterar esa paz, al tiempo que envalentonaría a los rebeldes de Darfur (algunos de los cuales son despiadados asesinos que no están negociando seriamente).
En tercer lugar, los dirigentes de Sudán ya incrementaron su cooperación con la CIA. Según informó el diario Los Ángeles Times, la CIA envió en fecha reciente al jefe de los servicios de inteligencia de Sudán en un vuelo a Washington, con el fin de sostener consultas con respecto al combate en contra del terrorismo, y la Casa Blanca no desea poner en riesgo ese canal.
Cierto, el caso de Darfur desafía las soluciones fáciles. No obstante, Bush se expresó claramente con respecto al caso de Terry Schiavo. Ojalá se esforzara del mismo modo por tratar de salvar las vidas de los dos millones de personas que han sido expulsadas de sus hogares en Darfur.
Así que voy a empezar a llevar un registro de la lasitud de Bush. La última vez que Bush permitió que la palabra “Darfur” saliera de sus labios en público (para ofrecer un cumplido de pasada hacia trabajadores humanitarios de Estados Unidos, y no para denunciar los asesinatos) fue el 10 de enero. Así que este martes marca el Día 113 del silencio de Bush con respecto al genocidio que se desarrolló bajo su vigilancia.
(c) The New York Times News Service.






