Dos hechos recientes parecen confirmar la poca atención que América Latina recibe de Washington. Durante las recientes audiencias de la Dra. Condoleezza Rice ante el Senado de Estados Unidos, para confirmarla o no como la nueva Secretaria de Estado, nuestro continente prácticamente pasó inadvertido. Hubo una referencia por allí a la crisis venezolana y otra bastante breve al problema del tráfico de drogas. Siendo generosos podemos decir que las nueve horas que duraron las dos audiencias, Rice dedicó un total de 3 minutos a América Latina.
Eso fue todo. Por su parte, el presidente George W. Bush fue menos dadivoso.
Durante su discurso inaugural de su segundo mandato presidencial simplemente no mencionó a Latinoamérica.
Pero no solamente se trata de cuánto tiempo nos dedican los líderes de Estados Unidos en sus discursos. También es que la propia América Latina ha ido perdiendo su propio peso específico y cavando su propia tumba del olvido.
Algunos recientes informes pintan un futuro bastante pesimista sobre su futuro. El uno es un estudio del Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos.
(‘El Mapa del Futuro Global’). Según él, el proceso globalizante de la economía mundial continuará durante los próximos quince años pero, el centro de gravedad será desplazado hacia la región asiática. Aunque Estados Unidos seguirá liderando el mundo, será la China quien comenzará a acercársele. Las multinacionales concentrarán sus inversiones en esos países y adaptarán sus perfiles para ajustarse a sus culturas. Habrá un mundo más “asiatizado” y menos “americanizado”. El informe apenas da cierta relevancia al Brasil y Chile. La región continuará sin beneficiarse de una mayor integración a la economía mundial por la presencia de “gobiernos ineficientes” y el “riesgo de que populistas sigan aprovechándose de la brecha entre pobres y ricos para consolidar su poder”.
A este estudio contribuyó otro preparado por el Centro de Estudios Nueva Mayoría de Argentina, y las universidades Diego Portales de Chile y Georgetown de Estados Unidos. Según él, América Latina “verá crecer la brecha que la separa de las naciones más avanzadas del planeta”. Entre otras razones, porque, a diferencia de los países asiáticos, “casi ningún país latinoamericano podrá invertir sus escasos recursos en proyectos importantes de investigación y desarrollo” que produzcan un rédito comercial.
Otro informe es uno preparado por el socialista Rolf Linkhor, presidente de la Delegación del Parlamento europeo para Suramérica. “La influencia de América Latina en el mundo está disminuyendo”. Ella se está quedando atrás porque tiene gobiernos ineficientes, no tiene sistemas de justicia independientes, ha abandonado la educación y “la corrupción está a la orden del día”.
Como consecuencia, “la credibilidad de las élites políticas es baja”, dice, y señala que el atraso de la región “es principalmente culpa de una élite que está mucho más preocupada por sí misma que por la sociedad”.
Años atrás, en una entrevista, Henry Kissinger dijo un poco burlonamente que América Latina era una simple prolongación de la Antártida. Aunque no nos guste, al parecer algo de razón tenía.






