Lo que una vez fue un lujo, hoy es más asequible para familias de ingresos medios: enviar a los hijos a universidades extranjeras, especialmente argentinas, es una tendencia en aumento. Los estudiantes van atraídos por precios módicos y la experiencia de vivir solos.
Argentina, Chile, Estados Unidos, España, Francia, Italia. Son varios los destinos con los que sueñan los bachilleres de hoy, universitarios de mañana.
Cada vez más estudiantes ecuatorianos deciden viajar al extranjero a seguir una carrera universitaria, especialmente a Buenos Aires, atraídos por los costos de la educación superior, que se abarataron luego de la crisis económica argentina del 2001.
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En una reciente conferencia ofrecida en Quito para promocionar a Argentina como destino académico, el cónsul de ese país, Mauricio Nine, dijo que unos 5.000 ecuatorianos viajaron en los últimos cinco años a estudiar en ese estado.
Pero las razones para partir son tan múltiples como los destinos, y dependen de la personalidad, las expectativas laborales, los gustos, y principalmente del nivel de la enseñanza, explican los estudiantes consultados.
“La enseñanza en Alemania es muy completa, tiene aspectos de conocimiento y de práctica”, afirma Wagner Ponce, recién graduado del colegio Alemán Humboldt y quien irá a estudiar a Alemania en septiembre próximo.
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“El nivel de la educación fue el primer criterio por el que me fui”, confirma Cristina Taramelli, de 19 años, quien estudia Relaciones Públicas en la Universidad de Palermo, en Buenos Aires, desde hace dos años.
Ponce dice, además, que a largo plazo a sus padres les resulta más económico pagarle los estudios en el extranjero que en una universidad privada en Ecuador.
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Parece difícil de creer, pero Patricia de Franco, de Salinas, quien tiene a sus dos hijos, Andrés (19) y David Franco (21) estudiando en Chile, afirma que le costaría más mantenerlos en Guayaquil.
Ella paga unos 138 dólares al mes por la universidad de cada uno y 150 por la suite con dos dormitorios en donde viven los chicos.
“La comida sale un poco más cara, pero en total, pago unos 370 dólares por cada uno, me sale más barato que rentarles una suite en Guayaquil y pagarles una buena universidad del nivel de educación que yo quiero que tengan”, afirma Patricia.
Nueva experiencia
Otra razón para vivir afuera es que la experiencia obliga a los estudiantes a madurar y a hacerse más independientes, opina Denis Vargas, recién graduado del colegio Alemán Humboldt. Él dice que quiere aprender de la forma de pensar europea.
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Pero estudiar en el extranjero no es un viaje de turismo.
Llegar a un país extraño implica dificultades. Las principales son acostumbrarse a otra cultura y salir del hogar por primera vez.
“Es difícil adaptarse al principio. Me fui solo. Antes vivía con mis padres”, indica Andrés Franco, de 19 años, quien estudia en Viña del Mar, Chile. Cuando llegó, Andrés extrañaba mucho su país, su casa y ver el fútbol con sus amigos, asegura.
César Taramelli, de 24, hermano de Cristina, no se olvida de las calamidades de sus primeros días en Buenos Aires:
“A mí me tocó lavar mis platos, mi ropa, arreglar mi cuarto, porque cuando vas a recibir visitas es una porquería”. César dice que vivir en Argentina constituyó para él una oportunidad de descubrir un modo de vida muy diferente a lo que conocía. Pero ahora se confiesa “enamorado de la gente de la universidad”.
Trámites
Los estudiantes que se van deben preparar una serie de papeles y trámites para convalidar títulos, certificarlos en el Ministerio de Relaciones Exteriores, asegurar matrículas y más.
“Son veinte mil papeles”, asegura Cristina Taramelli, la madre de Cristina y César, para quien los estudios de sus hijos trajeron una inesperada oportunidad de negocios.
Con el objetivo de dar asesoría a quienes desean averiguar sobre carreras en Argentina, Taramelli implementó hace dos años la empresa Oxy Promoción Estudiantil, que ahora es representante de varias universidades argentinas en Guayaquil.
La idea es facilitar los trámites de los estudiantes y además orientarlos en la elección de su carrera.
Hace poco Taramelli se asoció con Juan Pablo del Alcázar, quien dirige Destino Argentina, una compañía con el mismo objetivo basada en Quito. (Ver recuadro).
Taramelli indica que algunos jóvenes, casi siempre los que van a hacer una maestría o posgrado que haga su currículum más atractivo, viajan con la idea de regresar al país a buscar trabajo.
Pero muchos eligen carreras que no tienen demanda laboral en Ecuador, y así se preparan para una mudanza definitiva, pues se quedan trabajando luego de graduados, dice.
Para un padre es difícil saber que está enviando a sus hijos a empezar una nueva vida en un país lejano, comenta Patricia de Franco, pero indica que las carreras que eligieron sus hijos, Comunicación Audiovisual y Biología Marina, son mejor pagadas en Chile.
“No sé si decidan volver al Ecuador. Lo importante es que, a futuro, sé que van a tener más oportunidades allá, la idea es que tengan en la vida mejores perspectivas. Los chicos no son de uno, sí duele, pero esta es una experiencia que los hace crecer y madurar, y a largo plazo yo sé que es lo mejor que les puedo dar a mis hijos”, asegura Patricia.

















