Los guayaquileños debemos tener muy en claro que el 9 de Octubre es nuestra verdadera fiesta de libertad y autonomía. Ninguna celebración puede estar por encima de ella. Es la única y primera fecha del país que recoge la propuesta y ejecución de un proyecto de ruptura total con el régimen colonial.
Ni la fundación de la ciudad, el 15 de agosto de 1534, ni el 25 de julio, celebración patronal del Apóstol Santiago, tienen su significado e importancia histórica. Son meros memoriales absolutamente coloniales, cuyo festejo debe ser realizado justo a la medida de su muy discreto significado, en comparación con la efeméride de nuestra independencia. Ninguna conmemoración colonial ni de sometimiento a régimen autocrático alguno, la podemos equiparar con aquella que, como resultado de nuestro exclusivo esfuerzo, nacido del tradicional espíritu autonomista e independentista del habitante costeño, es génesis de la libertad nacional.
La revolución del 9 de Octubre de 1820, la única que produjo una verdadera transformación y sembró la esperanza en todo el territorio comprendido por la Audiencia de Quito. Por esto no solo tiene importancia local, sino nacional, porque repercutió e incidió en ella. Además, la Provincia Libre y su ciudad-puerto, con la participación de todos sus habitantes, hoy guayaquileños, manabitas, riosenses y orenses, y de aquellos de la heroica Cuenca, con su gran aporte humano y material, fueron la clave para que Bolívar, después de inmolar a Guayaquil en aras de Colombia la Grande, pudiera alcanzar el triunfo y sellar la independencia hispanoamericana con las victorias de Junín y Ayacucho. Acontecimientos con los cuales la Revolución Octubrina alcanzó la categoría de gesta continental.
Cada 9 de Octubre renace semilla de la libertad que dio vida al Ecuador como país independiente. Por tanto, en este mes glorioso, los colegiales guayaquileños deben jurar amor, lealtad y respeto a la patria, representada por el tricolor nacional y, simultáneamente, a la ciudad identificada con nuestro magnificente símbolo albiceleste. Pero todo este homenaje a la Patria y a la Gloria Octubrina debe cumplirse dentro de un marco civil. Pues no es otra cosa que un acto cívico que, por el propio significado del vocablo, de ninguna manera es militar, por tanto ni debe ni puede ser dirigido por ellos, como está ocurriendo. Intervención con la que siembran peligrosamente en la juventud la idea de que son los únicos dueños del civismo y exclusivos responsables de los símbolos y sentimientos patrios, autoatribuciones arbitrariamente asumidas que carecen absolutamente de fundamento.
Esta ceremonia puramente cívica, por tanto civil, debe ser asumida por todas las instancias de gobiernos locales, de Guayas, también de Manabí, Los Ríos y El Oro. Pues deberían recordar que en esa fecha nacieron a la libertad como parte integrante de la Provincia Libre. Que alcanzaron la independencia por su propio esfuerzo y una vez lograda, impulsados por los ideales de libertar a sus coterráneos, sacrificaron vida y fortuna en Camino Real, Huachi, Verdeloma, Tanizahua, y finalmente en Pichincha. Nada puede cambiar la historia, mucho menos la mitificación de hechos que no buscaron transformación alguna ni trascendieron más allá del ámbito local. Esto es lo que vale nuestra historia de libertad y solidaridad por la patria.






