A nadie sorprende que se hubiese querido sobornar al Presidente electo para obtener puestos de mucha “rentabilidad”. Lo que sí asombra es que él no haya dado a conocer los nombres de los autores del intentado delito. Si su bandera electoral fue la lucha anticorrupción, en vez de haber dejado escapar, como el agua entre los dedos, a los “buitres”, como él los llamó, debió haberlos puesto en evidencia y así, a más de haber reforzado su imagen de transparencia, hubiese empezado de modo efectivo el combate a los corruptos.

Tampoco ha sido acogido con beneplácito –como es lógico– el anunciado “pinchazo”, que consistiría, según se ha dicho, en incrementar el precio de los combustibles y de las tarifas eléctricas, la eliminación parcial del subsidio al gas y la creación de un impuesto al rodaje.

Felizmente, en cierto modo esto ha sido desmentido por el mandatario electo, porque resulta difícil al electorado admitir, después de haberle sembrado tantas expectativas y de haberle ofrecido no adoptar medidas de ajuste, que se le apliquen fórmulas de esta vieja y fácil receta, pero de tremendo impacto, sobre todo porque no se controla la especulación. De otro modo, la gente se sentiría engañada y el soporte de popularidad que tiene el Presidente electo se aflojaría. Tanto más cuanto que las discrepancias con los grupos que aspiran a cogobernar, el reparto de los puestos públicos y la distancia que se aprecia con el Dr. Alfredo Palacio –quien fue un gran puntal de la campaña, gracias a su prestigio y propuestas– complicarían la llegada a Carondelet.

Se habría afirmado también que, en caso de darse el “pinchazo”, se compensaría a los más pobres incrementando el bono de la “vergüenza” y entregándoles fundas de comida. ¿Cómo se les hará llegar estas especies? Es la misma interrogante en cuanto a la focalización para subsidiar el gas y los combustibles. Más sencillo es identificar a los que más tienen porque los pobres constituyen la mayoría. Además, estas dádivas no debieran darse sino que más bien se debe propender a la creación de fuentes de trabajo.

Declarar una moratoria en el pago de la deuda externa –como algunos han sugerido– no sería apropiado porque nos crearía serios conflictos internacionales. Lo ideal sería obtener una suspensión de pagos autorizada. Y si no se da, el próximo gobierno seguramente dará el “pinchazo”, a pesar de que no desearía hacerlo, porque esa es la manera más rápida de conseguir dinero y no puede dejar de pagar sueldos y de atender otros urgentes menesteres. Lo demás, es a través de un serio plan socioeconómico que todavía no conocemos, cuyos frutos, sin duda, no serán recogidos en el corto plazo, mucho menos todavía lo que se presume se evade con corrupción.

La sola mención de ideas, sobre todo cuando nos enfrentamos a una severa crisis moral y económica, no cura la falta de transparencia y, por supuesto, tampoco evitará el ahora denominado “pinchazo”.