Hace muchos años, estas dos especies convivían sin mayores problemas. Hoy lo que representan está en permanente conflicto.
Hablar de tortugas es hablar de Galápagos, y hablar de atún es hablar de pesca y de la creciente y próspera industria atunera. Que una industria salga adelante en un país como Ecuador, cuyo sistema está diseñado para entorpecer la empresa privada y para que un grupo oligárquico de burócratas viva de ella, es mucho decir. Que una zona protegida, patrimonio de la humanidad, del tamaño y complejidad del Parque Nacional Galápagos (PNG) mantenga los niveles de eficiencia en cuanto a la protección del hábitat a su cargo, con los escasos recursos que tiene debido al centralismo y a la pobre conciencia ambiental, es también un mérito nada despreciable. Que la industria atunera e instituciones conservacionistas como el PNG convivan y tengan relaciones armoniosas es difícil pues podría pensarse que tienen objetivos contrapuestos, aunque esto no debería ser así en el largo plazo; pero, ¿quién piensa a largo plazo en el país? Para que esta relación se dé con la menor cantidad de tropiezos, lo cual es clave para el futuro de las islas, es menester que las instituciones gubernamentales involucradas en esta correspondencia actúen de la forma más correcta, imparcial, diligente y justa posible.
Lamentablemente esto no solo que no se da, sino que parecería que cada vez empeora. Hace pocos meses fuimos testigos de cómo un barco de bandera extranjera, capturado in fraganti en faenas de pesca dentro de área restringida, el María Canela, juzgado y listo para ser rematado, escapó de las narices de sus guardias. No solo se le robaron el huevo al águila, sino que se levantaron con águila, aguilucho, nido y todo.
El último impasse se ha dado con el pesquero El Dorado, de bandera colombiana, capturado, nuevamente, en plena faena de pesca en el bajo noventa, con cincuenta delfines en su cerco, cuarenta toneladas de tiburón en bodegas y once delfines muertos alrededor de la embarcación, en aparente flagrante violación del artículo 68 de la Ley especial de Galápagos. Pese a que el Director del PNG ordenara su inmovilización, retención e incautación dentro del proceso administrativo que se sigue, hace pocos días los tribunales han dejado sin efecto tal medida.
No recuerdo pesquero alguno que haya sido capturado dentro de la reserva marina que no haya justificado la aparente violación argumentando que pescaba fuera de la misma y sus sistemas sufrieron daño, quedando al garete. Debo recomendar a los ufólogos realizar una investigación profunda sobre dichos límites, ya que los extraños sucesos reportados en el triángulo de las Bermudas son poca cosa comparados con estas continuas interferencias magnéticas que se presentan en instrumentos y daños en los motores, dentro de los límites de la reserva marina.
Cabe destacar que habiendo en apariencia causales para un enjuiciamiento penal según lo establecido en el artículo 437 G del Código Penal, esperaríamos que el fiscal actúe sobre todos los implicados y no se rompa la soga por lo más delgado, como ocurrió con el Jéssica.






