Años atrás el National Bureau of Economic Research (NBRE), un centro de investigación de los EE.UU., publicó un breve estudio del conocido economista Jeffrey Sachs sobre las causas estructurales de la crisis de la deuda externa. El trabajo comenzaba preguntándose por qué la deuda externa se había convertido en un problema para ciertos países y por qué no para otros. Después de todo, el endeudamiento externo no es un problema per se, sino la falta de capacidad de pago.
Sachs, sobre la base de un análisis matemático regresivo, encuentra ciertas variables en aquellos países para los que la deuda externa no resultaba tan problemática. En esas naciones habían ocurrido importantes procesos de reforma agraria, lo que se reflejaba en la contribución del sector agrícola al Producto Interno Bruto; mantenían un alto nivel de apertura de la economía hacia el exterior; gozaban de flexibilidad cambiaria; y habían hecho una enorme inversión en educación pública, la misma que, además, era altamente eficiente.
Hace poco el ex secretario general de la Organización Mundial del Comercio, De Ruggiero, declaraba a un diario italiano que los países en desarrollo que mantenían altas tasas de crecimiento por varios años eran aquellos que, por un lado, habían abierto sus economías y, por el otro, que habían invertido buena parte de sus recursos en educación pública.
En las dos últimas elecciones presidenciales de los EE.UU., en especial la segunda de ellas, si hubo un tema que prácticamente copó la agenda de los dos candidatos fue la reforma educativa. Al centro del debate estuvo, entre otros, la necesidad o no de revisar el énfasis en los tests estudiantiles, el sistema de ascenso de los profesores y las deducciones impositivas de las familias por gastos adicionales en educación. El tema educativo persiguió virtualmente a los candidatos.
Nada de esto parece relevante en el Ecuador. A nuestra dirigencia le parece más importante pasarse años insultándose, denunciándose, persiguiéndose, que en abordar el problema de la educación. Compárense todas las energías, todo el griterío y todo el circo que aquí se arma sobre la privatización de los servicios eléctricos y telefónicos, con el verdadero quemeimportismo que existe sobre los problemas de la educación. Cómo será que les resbala a nuestra dirigencia la educación pública, que terminaron entregándosela a un partido político para que simplemente viva de ella, y punto.
¿Pueden ustedes imaginarse lo que le sucedería a un candidato que se dedique en las próximas elecciones únicamente a plantear soluciones de largo plazo, soluciones de diez o quince años, a la crisis de la educación en todos sus niveles? Simplemente sería aplastado por la demagogia y superficialidad de toda esa fauna que ya se nos viene.
El Ecuador necesita ponerle fin a la irresponsable actitud de todos sus dirigentes que durante los últimos veinte años simplemente han ignorado la que es probablemente la única llave para sacar a este, y cualquier país, de su atraso. El último informe del Preal (‘Quedándonos Atrás’) sobre la educación en la región, así lo confirma.






