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La foto que Jorge Glas no quiso en el concierto de Metallica

Una imagen que resume la trascendencia de Metallica: en un costado del escenario, a cuatro o cinco filas del borde de la tarima, un hombre bien pasados los cuarenta años tiene sobre sus hombros a un niño que no pasa de los 12. Ambos con la camiseta de la banda, cantan a todo pulmón 'Sad but true', mientras a diez metros de ellos, Robert Trujillo, que parece destrozar el bajo, hace un alto en su cara de malo y le regala una sonrisa al pequeño fanático.

Es un regalo que se lo llevarán por siempre. Decenas de fotos de familiares y amigos inmortalizarán a esa noche del 29 de octubre, en el parque Bicentenario.

Igual que las imágenes que se llevó Angélica con su novio, que sonreía haciendo cuernos con el escenario de fondo, o las de la socorrista que sacó su teléfono para hacer un video o las de miles de asistentes que no pararon de posar y hacerse selfies.

Mientras caminaba de lado a lado buscando una buena toma o alguna novedad que le dé un mejor ángulo a mi cobertura dudo más de la efectividad de la prohibición de tomar fotos en los eventos masivos. Se me ocurrió que la tecnología, de a poco, va dando al traste la exclusividad de las imágenes. No aquí, en el mundo entero.

En esas andanzas, una sorpresa. Al costado norte del escenario, el vicepresidente de la República y candidato al mismo cargo, Jorge Glas Espinel. No lo reconocí a la primera. Me quedé enfocando, si se quiere, para seguir con la figura de la fotografía, a unos cinco metros de él, que estaba acompañado de un grupo de niños y adolescentes.

Lo miro, lo miro, lo miro.... Y click, la foto. Estaba con una gorra, con lentes y una chompa oscura. Miles de rockeros se desbarataban a pocos metros, ya con la calentura de haber gritado durante más de una hora de concierto, pero el rostro de Jorge Glas expresaba seriedad. Ni siquiera tarareaba las canciones más conocidas.

De la nada, un hombre apareció frente a mí y me dijo algo que no le entendí por el alboroto.

  • - Discúlpeme, no le oigo, le respondí al oído.
  • Le decía que en qué le podemos ayudar.
  • - ¿Ayudar? En nada, muchas gracias.
  • Es que le vemos que está tomando fotos al señor vicepresidente.
  • - ¡Ah, sí!
  • -Retírese señor, no puede tomarle fotos al señor vicepresidente.

 

En ese momento le vi en su oído izquierdo el audífono que llevan siempre los del equipo de seguridad de las autoridades.

  • - ¿Por qué? Estamos en un espectáculo público y él es figura pública.
  • - Señor, le agradezco que se retire.
  • - Ok, ¿Y será que al final le puedo preguntar al señor Glas cuál es su canción favorita de Metallica?
  • - No.

 

El concierto estaba ya en su parte final y la banda estaba lista para interpretar uno de sus himnos de cierre: 'Seek and Destroy'. Los punteos de entrada fueron una invitación a la locura. Grabé toda la canción con mi teléfono. Sobre el pavimento de lo que alguna vez fue una pista de aeropuerto, la multitud, con las luces de sus smartphones, era una imitación de un cielo estrellado. Eufórico, regresé a ver al vicepresidente y, en el mismo sitio, su rostro seguía acartonado, seriedad absoluta.

Me alejé hacia la parte de atrás para obtener una toma panorámica y otro hombre se apareció, una vez más, de la nada. Me tomó del brazo suavemente, guiándome.

  • - Soy de la seguridad de señor vicepresidente, por favor acompáñeme.
  • - ¿Adónde?
  • - Por acá, por favor.

Me llevó junto a las rejas que separaban las localidades. Al oído me pidió la credencial del diario.

  • - Claro, esta es mi credencial, soy periodista.

 

La leyó, le dio la vuelta, sacó su smartphone y le iba a tomar una foto a mi credencial. Para esto, a lo lejos apenas podía darme cuenta de que la gente ya había gritado una y otra vez 'otra otra, otra...' y James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo estaban nuevamente tocando con toda su potencia.

  • - ¿Usted le toma una foto a mi credencial y yo no puedo tomar una foto a un servidor público en un espectáculo público?, le dije.
  • - Usted debe saber que no puede tomar fotos de menores de edad.
  • - Ni siquiera sé si voy a publicar esas fotos. Y si las publico, no saldrán los menores de edad. El funcionario público es el vicepresidente, no los niños.
  • - Ya le dije: usted debe saber que no puede tomar fotos de menores de edad.
  • - Le repito: mi intención no es sacar a los niños. Es una acto público.
  • - No señor, es una actividad personal del señor vicepresidente.

 

El escolta me pidió que borre las fotos. A lo lejos veía que el concierto estaba por terminar, en su mejor momento. No me quedó más remedio que eliminarlas del teléfono, aunque queda una copia en la nube. Otra vez, cosas de la tecnología. El hombre, que también tenía auricular de seguridad, tomó mi celular y lo revisó y lo revisó y lo revisó. Y hasta le tomó fotos.

  • - ¿Me podría dar su nombre?, le interrumpí.
  • - ¿Para qué quiere mi nombre?
  • - Para saber con quien hablo, así como usted ya sabe con quien está hablando.
  • - Claro, soy el cabo primero Vladimir Moreno.
  • - Listo, me podría devolver la credencial y el teléfono, ¡que se me acaba el concierto y tengo que escribir la nota!
  • - Tenga, puede retirarse.

 

Al volver a la multitud, pensé en dos cosas. La Presidencia de la República había otorgado el viernes a José Luis Perales, en Carondelet, la Condecoración al Mérito en Grado de Oficial por su brillante trayectoria artística. “Es un hombre universal de la canción”, destacó ese día el presidente Rafael Correa. ¿Y Metallica no es más universal todavía?, me dije y me reía solo.

La segunda idea que se me vino es la frase del mandatario de que los actos del presidente y vicepresidente son públicos. Lo señalo a propósito de la polémica por la transmisión de los medios públicos de la presentación del binomio Lenin Moreno-Jorge Glas. En fin...

Volví al sitio donde estaba el vicepresidente y alcancé a ver cómo, justo en ese momento, abandonaba el lugar por la puerta de atrás del escenario con el grupo -una numerosa escolta incluida- que lo había acompañado. Salió a las 23:44. Quince minutos más tarde se acabó el concierto. Yo me paré exactamente en el mismo sitio donde estaba Glas y tuve otra sorpresa: del cielo me cayó una pelota playera negra, gigante, con letras blancas que decía Metallica. Me tomé una foto con mi recuerdo, igual que todos los que fueron al concierto. Claro, menos el vicepresidente. (I)

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