¿Qué consultar?

Jueves, 14 de Septiembre, 2017 - 00h00
14 Sep 2017

La consulta popular, al margen de sus limitaciones e históricas manipulaciones, es un instrumento que debería provocar la consecución de objetivos políticos –en su buen sentido–, planificada y correspondiente a las necesidades estructurales y coyunturales del sistema político. La meta debería ser instalar instituciones constitucionales que estimulen la ruptura del perverso círculo entre autoritarismo y corrupción en que nos dejó sumidos el populismo. Y la estrategia, es decir el camino a través del cual podemos llegar a la satisfacción de esa necesidad nacional, es la apelación al mandante primario. Es una operación necesaria de soberanía popular cuando el sistema representativo encuentra dificultades de resolución de las necesidades y de los conflictos. Como es el caso de la actual relación entre Ejecutivo y Legislativo, amenazadas por un inminente bloqueo.

Adicionalmente la consulta responde al ambiente político, es decir, a un clima de legitimidad. ¿Cuán sostenible es? ¿Cuánto durará? Como en la vida, en que se cuida o se pierde lo logrado, en la política, se orienta a la aceptación otorgada por el pueblo o se la pierde. Unas letras acerca de lo que dicen las encuestas. Una cifra aproximada, más/menos el 80% de aceptación a la simbología de gestión pública de Moreno, es una inmensa cantidad. Veamos, sin necesidad de una cifra precisa. Si hace poco más de tres meses partió de un empate político (no matemático) ha crecido rápidamente, absorbiendo aceptación de la canasta de votos de su adversario. El 20% restante del público (el que no apoya a su gestión) está formado por el correísmo duro en oposición al presidente y el votante duro y escéptico básicamente de CREO.

La digresión nos permite afirmar que la consulta popular no debe ser una maniobra surgida de la popularidad. Debe ser una respuesta de planificación política que responda a un mensaje del público y a una necesidad del sistema político. Que debe ser entendido y valorado. Por ello, como silvestre ciudadano, me permito decir sobre aquello que quisiera que me consulten.

¿Cuáles fueron algunos de los nudos ciegos con que nos ató el correísmo? El hiperpresidencialismo no solo son atribuciones presidenciales que quitan poder a las otras funciones y a los ciudadanos. Consiste fundamentalmente en la reproducción de ese hurto, la reelección, más aun si es indefinida. Cuando la Corte Constitucional trató a la reelección presidencial indefinida como una ampliación de derechos, nos trató a los ecuatorianos como a unos imbéciles. Aunque les cueste, deben entender que el derecho es a la representación política, la mejor posible, estimulando al conjunto de la nación. Por ello, hay que terminar con ese asalto que operó hace unos años, entre gallos y medianoche, preparando la cama para la reproducción de las larvas del populismo.

En la misma línea de malversación de la noción humana del derecho operó la conversión de la comunicación en un servicio público. Lo que hizo el correísmo fue convertir a los derechos básicos, el pensamiento, la opinión, la expresión, en una dependencia controlable desde sus escritorios como sus servicios. No es comparable el ejercicio libérrimo de la comunicación con la prestación del servicio de alcantarillado. Cierto es que para unitos es lo mismo. Pero no para quienes entendemos a la esfera pública como una responsabilidad básicamente ciudadana.

La meta debería ser instalar instituciones constitucionales que estimulen la ruptura del perverso círculo entre autoritarismo y corrupción en que nos dejó sumidos el populismo.

El control de la calidad de la gestión pública está ligado a capacidades técnicas, las que no disponía la Contraloría. De eso se aprovecharon los monopolizadores de la verdad para arrebatarle la competencia. Y escondidos y calladitos evaluarse a sí mismos, pretensión hermafrodita. Pero la evaluación de la corrección del gasto público no debe ni puede ser separada de la evaluación de la calidad del gasto, esta última atribución compartida con la sociedad. El tema no es quitarle atribuciones a la contraloría pública sino dotarle de capacidades para hacerlo. Independientemente.

No voy a plantear nada del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. De un engendro institucional, solo queda remitirme a su concepto, creatura correísta, fea, desproporcionada, mal concebida. De ese abuelo y esos padres, surgieron varias autoridades que tenemos. No queda más que la eutanasia. La consulta es el medio más democrático, de menor dolor para la sociedad… Mejor, puede vegetar con alguna atribución, sin ocasionar daño. Pero claro, el problema es qué lo reemplaza. Todos tenemos no muy buenas apreciaciones sobre esta Asamblea Nacional y sobre los parlamentos en general, hoy y ayer. Pero saben qué, un mal Legislativo no nos puede llevar a los ciudadanos a pensar que debamos castrar al Parlamento. Como el que surgió de Montecristi. Debemos devolverle funciones y controlar que las cumpla. Así son los ajustes del funcionamiento democrático. Al mal funcionamiento democrático se lo cura con más democracia de calidad. No debocando correísmo.

¿Quiere usted una justicia independiente? A gritos sí. Los ecuatorianos equivocadamente creíamos que la justicia es un servicio igual que el agua potable, que la ley siempre era justa. Lo que hubiera faltado eran operadores (jueces buenos) y edificios (espaciosos para los archivos y computadores para los Chuquis). Pero no. La democracia requiere de justicia sin dogales para ser democracia. Lo primero es tener la cabeza sobre los pies. La majestad de la justicia es su Corte Nacional de Justicia a la que debe sujetarse, como política pública de justicia, el Consejo de la Judicatura. Los administradores a vigilar que no entren los Chuquis y que ellos los pongan.

Buscar el origen del mal corresponde a la ética, de la corrupción a la ética social y del hegemonismo político a la distorsión representativa con que se organizan las elecciones. Una forma ha sido evitar la representación de las minorías (pese al inobservado concepto de proporcionalidad), rompiendo en pedazos nuestro voto único (con fracciones de voto por candidatos entre listas) e instituyendo una asociación perversa entre circunscripciones pequeñas, partido dominante y voto fraccionado. Es decir, metieron por la tranquera a un sistema electoral mayoritario, que es el origen político del populismo en su actual versión. Y de paso enceraron el piso para pisar a nuestra libertad de expresión plural y de organización política.

Hay muchos más temas para la consulta popular. Pero el tiempo político es enemigo de lo perfecto. No me refiero a la aceptación presidencial. La sociedad debe empezar a desmadejar el enredo populista y conducir a la nación hacia algunas primarias certezas. Pese al mar de porquerías sobre el que la dejaron. (O)

¿Qué consultar?
La consulta popular, al margen de sus limitaciones e históricas manipulaciones, es un instrumento que debería provocar la consecución de objetivos políticos –en su buen sentido–, planificada y correspondiente a las necesidades estructurales y coyunturales del sistema político.
2017-09-14T00:00:12-05:00
El Universo

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