Cuando este artículo salga ya se sabrá quién ganó las elecciones en Estados Unidos, y el mundo tendrá otro presidente o presidenta… A veces creo que deberíamos de alguna manera votar en las elecciones de EE. UU., dado que sus resultados repercuten hasta en nuestra vida cotidiana y no podemos pronunciarnos… Lo cierto es que estas elecciones marcarán una etapa importante en la historia del país del norte y en la nuestra.
Mientras tanto, en el pasado y ya lejano feriado, fuimos a visitar el Museo de la Arcilla, ubicado en la avenida Barcelona, a pocos metros del monumento al Pescador, a la entrada del barrio de San Pedro. Unos vecinos del sector de la Ferroviaria comentaban entusiasmados la visita que habían hecho con sus parientes de la Sierra. Ya había oído comentarios muy elogiosos y sintiéndome en falta porque vivo a muy pocas cuadras, decidimos ir de excursión en el feriado. Sin mucho entusiasmo, porque sabían que luego se convertiría en un posible cuestionario, nos acompañaron adolescentes estudiantes de secundaria.
El lugar limpio y acogedor, rodeado de jardines florecidos, muy cuidados, el estero Salado desbordante, inflado, y los orgullosos mangles oscuros besando sus aguas y los puentes peatonales, lucía desierto el sábado por la mañana. Un guardia nos recibe y nos obsequia folletos explicativos.
La historia resumida en 14 murales realizados por Carmen Cadena Navarro muestra un trabajo artístico que mezcla elementos y personajes a veces con mucha libertad y que agregan simbolismo a la lectura del pasado que se hace presente. Es realmente bello y merece verse con detenimiento y desde diferentes ángulos porque cobran vida los personajes con el juego de luces y sombras según las horas del día.
Pero tuvimos mucho de qué hablar leyendo las placas explicativas de los murales. En el mural tres, uno de los mejores, que representa la colonia, me detuve un rato a admirarlo y me quedé literalmente pasmada. Leía y volvía a leer, miraba el mural y no comprendía. Literalmente decía: “Luego de que los conquistadores con la espada y la cruz como estandarte de conquista y símbolo del colonialismo, construyen templos indígenas…”. Busqué el folleto y allí sí estaba más claro:
“Con la espada y la cruz, símbolo del sometimiento colonial, construyen sobre las ciudades y los centros religiosos ceremoniales indígenas, sus ciudades españolas…”, es decir, devastaron la cultura nativa, y sobre sus ruinas edificaron. El cambio era significativo. Ni hablar que los comentarios y preguntas hicieron que las jóvenes primero trataran de entender lo que estaba escrito, cuestionaran su contenido, descubrieran los errores y luego interpretaran los murales. En el mural 8 que ilustra la revolución de octubre de 1820, la placa habla del lusianés José de Villamil. Oculté mi ignorancia preguntando que quería decir lusianés, pero no supieron responderme, pregunté a amigos y tampoco conocían la respuesta, hice una pequeña encuesta y nadie daba una versión correcta, así que busqué algo de información y supe que era porque había nacido en Luisiana, Estados Unidos.
Además de admirar y aprender descubrimos tres errores más y nuestro paseo se convirtió en un juego interesante para las estudiantes que debían demostrar perspicacia y espíritu crítico para encontrarlos.
La historia resulta apasionante cuando intentamos conocerla y comprenderla con mente abierta y ubicados en el presente que la heredó. La frase de Mafalda sigue siendo punzante: “La historia se escribe para adelante”. (O)










