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Columnistas

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Conquistar la credulidad

Hablar de la prensa corrupta es por gusto generalizar. Cada periodista consciente expresa una opinión con absoluta libertad. Uno puede ser católico; otro, libre pensador. Si se trata de buscar la verdad podemos investigar el Corán, la Biblia, el Talmud, el Bardol Todol (libro tibetano de los espíritus del más allá), el Libro de los muertos del antiguo Egipto, el Chilam Balam (libro sagrado maya). Estoy volviendo a leer el extraordinario Libro tibetano de la vida y de la muerte (Sogyal Rinpoché). No me atrevería a decir que la verdad es exclusiva de alguien o de algún libro, leí con absoluto respeto los evangelios apócrifos de María Magdalena, Judas, Tomás y desde luego los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, los únicos aceptados por la Iglesia. Voy en busca de la verdad, sabiendo que uno adopta tal o cual libro sagrado según el país donde vio la luz. Si hubiese nacido en la India, me apegaría al Baghavad-Gita, poema sánscrito considerado por los hindúes como su texto religioso más importante. Admiro mucho a todos quienes siguen al pie de la letra las enseñanzas positivas que pueden pertenecer a Confucio, a Gandhi, a Jesús; hay enseñanzas comunes como el amor al prójimo, la protección de los débiles. Me dejan sin cuidado las prohibiciones alimenticias (el cerdo, la sangre, etc.). Puedo ser partidario de Rafael Correa, Guillermo Lasso, Paco Moncayo, Lenin Moreno, Cynthia Viteri, respetaré siempre a quien tiene una ideología diferente de la mía, no intentaré traerlo a mi campo. Si me gusta la música clásica y a usted la bachata o la salsa, ¿cuál es el problema? Respeto de igual modo una catedral, una mezquita, una sinagoga, el salón del reino, el templo budista.

Escribo cada semana en esta página, nadie me dicta lo que debo decir o lo que debo callar. No adopto como norma la eventual posición religiosa o política del Diario, pero la respeto. Las divergencias pueden inflamarse hasta llegar a la lucha de clases según la cual es malo tener dinero, cuando todos sabemos que no hay peor angustia que llegar al fin del mes sin tener un solo centavo en el bolsillo, mantener por gusto una cuenta sin fondos, deudas acumuladas. Como en todo, solo el exceso es negativo.

El respeto a la opinión ajena es base del humanismo, filosofía no teísta centrada en la capacidad de una humanidad que mira a la racionalidad, no a los dogmas religiosos, con el fin de entender el mundo. Me mantengo fugazmente en un universo en expansión, no llego siquiera a ser insignificante, tengo conciencia plena de que todo lo que llego a poseer es algo prestado por un tiempo reducido. Mi sentido del humor me permite observarlo todo con pasión pero también con melancolía, dejé atrás esta manía de querer a toda costa tomarme en serio. No me impresionan los uniformes, sean militares o religiosos, pues se quedan colgados de un gancho o se caen en los tobillos a la hora del baño. “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción”, unos siguen soñando con ser eternos. (O)

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