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Columnistas

La lectura del orientador artículo de Nila Velázquez del 19 de noviembre pasado, publicado en su columna de opinión de EL UNIVERSO titulado ‘El derecho a la verdad’, anima a... Leer más

Se trata de un financiamiento forzado. A fines de septiembre la Junta Reguladora y Monetaria subió el encaje de los bancos grandes del 2% al 5%. Esto significa que los fondos... Leer más

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Poseer no es delito

El pasado viernes 21 de octubre, como una serie de eventos paralelos al Hábitat III, se realizó en la Universidad San Francisco de Quito la conferencia dictada por Jay Mittal, arquitecto y planificador urbano de la universidad de Auburn. Como parte de su conferencia, Mittal presentó uno de los proyectos que tuvo a su cargo en la ciudad de Ahmedabad, India, con una población de seis millones de habitantes. Como muchas ciudades de dimensiones semejantes, Ahmedabad tuvo que planificar un anillo vial periférico tanto para sus propios habitantes como para quienes están de paso por ella y desean continuar su viaje sin adentrarse al congestionamiento de las áreas céntricas.

Como cualquier proyecto de esta naturaleza, el anillo vial periférico de Ahmedabad implicaba una serie de expropiaciones, que podían generar una innumerable serie de conflictos con los propietarios de los terrenos involucrados. El gobierno de la ciudad buscó una alternativa para lograr que las expropiaciones fueran vistas como una oportunidad y no como una amenaza. Como resultado de dicha exploración, la ciudad se comprometió a trabajar con los ciudadanos bajo las siguientes condiciones: 1) Reconocer las áreas reales de los propietarios, y 2) Replantear la geometría de los terrenos, de tal manera que todos den hacia la nueva vía.

Estas reglas de juego permitieron que el gobierno de la ciudad y los propietarios llegaran a acuerdos posteriores, según los cuales los propietarios aceptaban ceder el 40% de sus propiedades. De ahí, un 20% se destina al espacio vial, un 10% a edificios de carácter comunitario y el otro 10% queda como garantía bancaria, que posteriormente podía servir para la compensación económica de los terrenos invertidos, a través de la venta de estos.

De esta forma, todos los involucrados en el proceso de construcción de la mencionada vía perimetral se beneficiaron por la nueva reconfiguración geométrica de sus terrenos, los cuales aumentan de valor no solo por la presencia de la vía, sino también por relacionarse con ella de mejor manera. Adicionalmente, se construyeron nuevas infraestructuras para el beneficio de la comunidad y se dejó la alternativa de introducir nuevas oportunidades de desarrollo económico, mediante la venta de los terrenos, previamente reservados como garantía bancaria.

Este método de trabajo logra que muchas personas de escasos recursos, pequeños agricultores con pocas oportunidades de desarrollo económico, logren mejorar su situación.

La alternativa presentada por Mittal en su conferencia –que también ha sido implementada en Europa y Sudamérica– surge de un entendimiento primordial de los mercados inmobiliarios y del compromiso de que estos deben compartir sus mejoras de manera equitativa. Las utilidades producidas por las plusvalías no deben ser entendidas entonces como “malas”, sino como mal implementadas. Este precedente demuestra que en nuestro país no deberíamos limitarnos a una valoración moral superflua, y buscar castigar con impuestos lo que nos parece “malo”. Deberíamos comprender que poseer no es delito, y buscar nuevas formas para aprovechar los réditos y las oportunidades en el desarrollo de la infraestructura urbana, para el beneficio de todos los habitantes que estén involucrados. (O)

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