Felicitamos la iniciativa de Diario EL UNIVERSO ‘Guía para padres: los límites enseñan’, por su valioso aporte a la formación y orientación de los padres de familia. No obstante, en la edición número 13, hemos podido constatar una información sensible que se ha presentado de forma ligera y que la ampliamos con esta carta dirigida a los lectores en general.
Según el suplemento, “la masturbación infantil es normal y forma parte de los comportamientos esperados en niños y niñas sanos”. Según evidencia científica que adjuntamos a pie de página: “la masturbación se debe a un egoísmo absoluto. La persona desea tener placer sexual, pero sin que intervenga ningún otro ser humano, además, suele provocar daños psicológicos. Entre ellos, dificulta relacionarse con las personas del sexo complementario, aun en las cuestiones de la vida cotidiana”.
Incluso, para Freud, “el masturbador incurre en riesgo de bloquear el desarrollo y maduración de su psicoafectividad. La práctica habitual de la misma conduce a graves desequilibrios nerviosos”. No es inteligente considerar la masturbación como algo natural, pues causa una serie de trastornos en el adolescente, ni qué decir al niño, estos trastornos permean el lado afectivo, psicológico, intelectual, etcétera. La masturbación daña la capacidad de amar porque se la asocia con fantasías. Durante el placer sexual, el cerebro secreta epinefrina, que ayuda a fijar las imágenes sexuales en la memoria. Durante el acto, las imágenes sexuales van quedando grabadas y en lo posterior dificultarán el amor hacia la pareja. La masturbación no contribuye a la superación del problema sexual, conduce por sí misma, a la larga, a una erotización mayor y a una obsesión creciente; de modo que a la larga el problema no se soluciona de modo alguno con ella. El Dr. José Poveda Ariño dice que la masturbación es un fenómeno evitable por cualquier persona normal.
Si nos fijamos en las cualidades que una mujer busca en un hombre –valor, desinterés propio, fortaleza, honor, seguridad en sí mismo– nos daremos cuenta de que la masturbación es básicamente lo opuesto a todas ellas. En vez de aumentar la seguridad propia, la masturbación debilita la imagen propia del hombre. En vez de hacerse valiente y fuerte, lo despoja de su fuerza.
Agradecemos la apertura que hemos tenido de parte de Diario EL UNIVESO, para ampliar las consecuencias de la masturbación infantil, y le deseamos que siga orientando a los padres y recordándoles que como ciudadanos propondremos siempre nuestra ayuda para mejorar el aprendizaje a nuestra población, en lo concerniente a educación sexual.
Andrés Elías,
Observatorio Católico del Ecuador, Guayaquil
Nota de la Redacción:
El fascículo al que usted se refiere es de la autoría de la doctora Natalia Trenchi, médica especialista en psiquiatría infantil y psicoterapeuta congnitivo-conductual.
La doctora Trenchi ha sido profesora de algunas universidades, entre ellas, la Universidad Católica de Chile. Es asesora de la Unicef y autora de varios libros de educación para padres.
Como el mismo fascículo lo menciona, entendemos y respetamos el criterio de las personas que tienen otra visión y desean educar a sus hijos de acuerdo a ellos, e incluso, darlo a conocer.
Gracias por escribir.










