Messi, el cotidiano hábito de la genialidad

Jueves, 14 de Septiembre, 2017 - 00h00
14 Sep 2017
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14 Sep 2017

Entre semana cargado de noticias. Ecuador despide a Gustavo Quinteros, con lo cual lo apunta como el responsable excluyente de la octava posición en la eliminatoria. Pero, además, por comunicado, da a entender que ya comienza a pensar en Catar 2022 al señalar su voluntad de “empezar desde ahora la transición y renovación” del seleccionado. Esto a 23 días de disputarse los últimos seis puntos y aún manteniendo chances, ya que, como hemos visto, todos pierden, además de que debe enfrentar a dos rivales que se disputan el quinto puesto, como Chile y Argentina. Un comunicado de tenor más visceral que institucional.

La FIFA autorizó a la selección argentina jugar ante Perú en La Bombonera, un estadio que, lleno y en efervescencia, semeja el huracán Irma en pleno apogeo. Jorge Sampaoli busca que el rugido de la hinchada retemple el ánimo de sus jugadores, paralizados por la presión de ganar. Pues en Buenos Aires no hay altura ni calor o humedad sofocantes, lo que queda es el aliento de la gente, diferente al de otras partes. Está bien, se busca apoyar a una selección desorientada.

En Europa, el Paris Saint Germain dio una primera señal de su poderío naciente con el tridente Neymar-Mbappé-Cavani. Aplastó al Celtic en Glasgow 5-0. Dos del uruguayo Cavani, que sigue pateando los penales (Neymar deberá esperar su turno), uno del francés y otro del brasileño. Habrá que ver ante un rival más fuerte para medir la fuerza real del cuadro parisino.

En Copa Sudamericana, Independiente fue el primero en llegar a cuartos de final tras una victoria épica sobre Atlético Tucumán. Existe una manera ‘a lo Independiente’ de ganar, que le dio fama continental y que cayó en el olvido en los últimos 30 años, salvo en esa Sudamericana 2010. Es jugando bien al fútbol, pero sobre todo atacando con furia y sin cesar, arremetiendo contra las adversidades, como la que supuso el juez uruguayo Andrés Cunha, quien lo dejó con diez hombres casi todo el segundo tiempo y le dio un penal insólito a Atlético, que suponía la eliminación roja. Por actuaciones como estas se ganó con justicia el apodo de Rey de Copas. Sería edificante que Independiente retomara toda la dimensión de su grandeza.

La menos ‘noticia’ de las noticias fue la deslumbrante exhibición de Lionel Messi ante la Juventus. Terminó la temporada anterior como goleador mundial con 54 tantos en 52 partidos (sin contar los de selección). Y había arrancado este ciclo como siempre, a un nivel altísimo, ganando prácticamente solo los tres primeros partidos de liga ante el Betis (2-0), Alavés (2-0) y Espanyol (5-0), con cinco anotaciones, cuatro tiros en los palos y varios pases-gol. Sin embargo, fue apenas un ligero aperitivo del debut en Champions, donde regalaría esta actuación deslumbrante, de esas en las que salta la vara de mejor del mundo actual y se pone a hacer cascaritas con Di Stéfano, Pelé y Maradona.

Era un partido burocrático, casi judicial, de esos que propone la Juventus y el fútbol italiano en general. Y que un Barcelona abúlico había aceptado. Expediente va, cédula viene, hasta que en el minuto 45, sin espacios, sin ninguna posibilidad prometedora de vulnerar la defensa, Messi decidió inventar un gol. No solo hacerlo, inventarlo desde la nada. Encaró donde estaba la última línea de carabinieri, tocó profundo para Suárez, el uruguayo la devolvió sensacional, como devolvía las paredes en corto Ronaldo el Gordo; apenas tuvo Messi 50 centímetros para pararla y sacó un zurdazo rastrero pegadísimo al palo izquierdo de Buffon. Un gol tremendo. Y lo gritó con rabia, sabe Dios por qué, pues Messi nunca cuenta nada. Pero es sabido que cuando está enojado es más letal que de costumbre.

El primer gol es el que abre el partido. Y ese casi siempre es obra de Leo. En el segundo tiempo dio un festival. Sin espacios, mandó otro remate al palo, una entrada suya a toda velocidad por derecha originó el segundo tanto –de Rakitic– y marcó el tercero con otro zurdazo matador después de eludir dos marcas. Fue una actuación de Balón de Oro, aunque este año el galardón es para Cristiano, con toda justicia, por lo que hizo en el tramo final de la Copa de Europa. La ‘noticia’ de este Messi resplandeciente no es noticia justamente porque lo viene haciendo puntualmente una o dos veces por semana desde hace 12 años sin parar. Jamás un bajón.

“No hay dinero que pague a quien consigue que el Fútbol Caos Barcelona pase a ser el Fútbol Club Messidona. No admite comparación con nadie”, dice el periodista Rubén Uría.

Es algo que el fútbol nunca había visto. Ya sabemos que hay altísimas posibilidades de que sea la figura el sábado próximo, y que marque los goles o los fabrique, y que deslumbre en el siguiente y en el que venga detrás. En Barcelona o en la Selección, en la que siempre es el mejor, el único de Argentina. Apenas disputó 8 de los 16 partidos de la eliminatoria, pero con él la Albiceleste ganó 17 de sus 24 puntos.

“Jugadores como Cristiano me han marcado, pero cuando te anota Messi solo puedes aplaudir. Es el mejor de la historia”, declaró Buffon, quien hasta el martes se mantenía imbatido por el de Rosario. “Es el más grande de todos los tiempos”, afirmó Carlos Bianchi, en consonancia con la mayoría de futbolistas, exentrenadores y periodistas de trayectoria. “No admite comparación con nadie. Es único. Irrepetible”, escribe Rubén Uría, reconocido periodista madrileño de Eurosport.es.

“Sus valores intangibles son más poderosos que sus números, sus estadísticas y récords”, dice Uría. “Si el Barça juega bien, él levita. Si el Barça duda, él decide. Y si el equipo sufre, él lidera. Impone su ley: la del mejor. La del futbolista que, con una zurda atómica, hace feliz al público. No se puede cuantificar el precio del tipo que, cuando el socio está en plena depresión, devuelve alegría. No hay dinero que pague a quien consigue que el Fútbol Caos Barcelona pase a ser el Fútbol Club Messidona”.

La verdadera noticia sobre este genio cotidiano es que podríamos estar frente a una de sus más fabulosas temporadas. La partida de Neymar le ha ampliado la cancha, le da más panorama para decidir por dónde entrar. Comienza recostado a la derecha, como siempre, pero ahora se corre seguido hacia el medio y hasta incursiona por la izquierda. Está de nuevo como falso 9, la posición que le había encontrado Guardiola y en la que dio recitales. Le queda el arco de frente y, a poco de que le den unos mínimos centímetros, saca el balazo y, por lo general, acierta.

Pero seríamos injustos en ponderar a Messi solo por sus goles o sus asistencias. Cada control, cada pase, cada amague, freno o enganche es una cumbre futbolística. Todo a velocidad supersónica y hacia adelante.

Está varios escalones por encima de los otros. Y el martes anterior nos recordó lo hermoso que puede llegar a ser este juego. Una vez más… (O)

Messi, el cotidiano hábito de la genialidad
Columnistas
2017-09-14T09:47:01-05:00
Con un comunicado de tenor más visceral que institucional, la FEF informó que relevó en la Tri a Gustavo Quinteros.
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