El encanto de las copas, de lo internacional

La competencia internacional excita de manera especial al público futbolero; la vive más intensamente. En todo el mundo es igual. Cuando hay copa entre semana los hinchas decimos ¡cuántos partidos…! Cuando no hay, extrañamos ese fárrago de resultados y goles. Y de juegos de mayor categoría. En Sudamérica la avidez se acrecienta porque nuestras ligas, famélicas de figuras, no motivan lo suficiente. Y a propósito de figuras, las dos más nítidas del continente –Gabriel Jesús de Palmeiras y Miguel Ángel Borja de Atlético Nacional– no permanecerán más allá del Año Nuevo en estas tierras. El primero ya fue fichado por el Manchester City en 34 millones de euros. Si no media una catástrofe, esta tarde debe ganar el Campeonato Brasileño, ya se consagró campeón olímpico, es uno de los artilleros de la Eliminatoria, le sobra técnica… El segundo es una presa imperdible para cualquier club europeo. Borja garantiza formidable remate, fuerza, velocidad, decisión para el gol, carácter. Hay docenas de mercados que apetecen esas cualidades. Y todos pagan más que acá. “No llega al primero de enero en Nacional”, admiten en el propio club verdiblanco.

La Champions ya casi definió a quienes sobreviven al primer corte que supone la fase de grupos. Apenas quedan unos pocos lugares en discusión. El primer balance dice que nuevamente los clubes españoles son amplios dominadores de Europa. A falta de una jornada, Atlético de Madrid y Barcelona ya ganaron sus grupos. Real Madrid puede hacerlo si vence en la última fecha (en el Bernabéu) al siempre animador Borussia Dortmund. Y Sevilla se complicó al perder en su casa ante la Juventus. El Olympique de Lyon quedó a 3 puntos del equipo sevillano y lo recibe en Francia en la jornada de cierre. Pero con el empate, y aun hasta perdiendo por un gol, pasará el once de Sampaoli, con lo cual habría cuatro españoles en octavos de final. ¡Cuatro de cuatro…! Pero si clasifica el Lyon, Francia metería tres de tres (PSG y Mónaco los otros); sencillamente buenísimo. Excelente también lo de ingleses y alemanes: de cuatro, colocaron tres: Arsenal, Manchester City y el sorprendente Leicester por los inventores del fútbol; Bayern, Borussia Dortmund, Bayer Leverkusen por los campeones del mundo. A propósito: cuidado con el Dortmund, luce fuerte otra vez, aunque ayer perdió ante el Eintracht Frankfurt… Italia, por su parte, podría ubicar dos; si Napoli gana, acompañará a la Juventus.

O sea, 14 de los 16 octavofinalistas serán de apenas cinco países, los cinco más poderosos: Italia, Alemania, Inglaterra, Francia e Italia. Holanda, otrora potencia, no logró clasificar a su único representante -el PSV-. Y los equipos del este, como es habitual, se derriten en la fase de grupos.

De este lado del agua, Atlético Nacional volvió a arribar a una final continental. Invicto, por cierto, aunque esta vez sin el brillo de la Libertadores. Siendo más utilitario, menos altruista con el juego, especulando con las posibilidades que dan los enfrentamientos directos. Un gol en contra de Palito Pereira en Asunción fue maravillosamente bien usufructuado por los de Medellín para arribar a la posibilidad de otro título continental en un año. Algo que había conseguido Olimpia en 1990 al conquistar la Libertadores frente a Barcelona de Guayaquil y la Supercopa ante Nacional de Montevideo. Aquella Supercopa era muy importante pues la jugaban solo los campeones de América. Entonces, Olimpia no quiso enfrentar a ninguno de los subcampeones y la Recopa le fue entregada en una oficina. Le correspondía. Ahora no, si Nacional es campeón de nuevo la disputará frente al vencedor de Independiente del Valle y Chapecoense.

El brillo ausente cabe excusarlo por los jugadores que se fueron y también por la suspensión de Borja. Aunque Nacional no generó situaciones de riesgo. Fue dominado la mayor parte del juego por Cerro Porteño y se recostó sobre ese gol que se llevó de Paraguay. Con Borja, y sobre todo con Alejandro Guerra, debería levantar juego. Del equipo que enfrentó a Independiente del Valle a fines de julio ya no están Sebastián Pérez, Marlos Moreno, Davinson Sánchez y Alexander Mejía. El éxito acaba con los procesos en Sudamérica. El precio que se paga por ser campeón es un desbande generalizado. Se llevan a todos. También le pasó a Independiente del Valle.

Nacional llega a la final como amplio favorito frente al ignoto Chapecoense que, atención, ya se cargó a Independiente, el Junior y San Lorenzo. Es una campaña insulsa la del Chape, ganó y perdió con Cuiabá y con Junior, y empató los cuatro juegos con Independiente y San Lorenzo. No logró ningún punto más que sus rivales, pero sacó el máximo jugo de los atajos que ofrece el sistema: avanzó dos fases por diferencia de gol, una por penales y otra por gol de visitante. Como señalábamos cuando nos referíamos a Edgardo Bauza, en ello difieren estos torneos con los de todos contra todos por puntos, como la Eliminatoria. Ahí hay que salir a ganar siempre. Hay que cambiar el chip; el defensivo no sirve.

No sería prudente por ello intentar demeritar a Chapecoense. Es un cuadro basado en lo defensivo, pero ha llegado en buena ley, tuvo sus méritos. No hay que llorar porque el adversario se abroquela atrás, eso es legal; hay que intentar superarlo. Dentro del reglamento, todos los estilos son válidos. Además, ha exhibido un alto espíritu de lucha. Y son brasileños, nunca olvidarlo. Cierra de local, que siempre significa una ventaja emocional, pero en este caso, por razones de capacidad de su estadio, hospedará la final en Curitiba, a 480 kilómetros de Chapecó, con lo cual el beneficio desaparece.

Para vencer a Chapecoense, Nacional deberá mejorar lo hecho ante Cerro. Con el nombre no gana nadie. Caio Junior, DT de los brasileños, es un viejo zorro que ha entrenado a Palmeiras, Flamengo, Botafogo, Gremio, además de clubes de Japón y el mundo árabe.

Anima al club de Santa Catarina la posibilidad de un gloria que hasta dos meses le era inimaginable. La fe de los que vienen de abajo. “Ojo al Cristo”, decían los técnicos de antes al lateral para advertirle de las bondades del puntero. Reinaldo Rueda, siempre medido y cauteloso, sabrá rebanar cualquier exceso de confianza. Por cierto, al parecer Rueda no es tan inepto como juran y rejuran en Ecuador… (O)

 

De este lado del agua, Atlético Nacional volvió a arribar a una final continental. Invicto, por cierto, aunque esta vez sin el brillo de la Copa Libertadores.

 

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