Pablo Ansaldo, un arquero inolvidable

Murió Pablo Ansaldo Villacís (1935-2016). Martha de Cañarte, esposa de Simón, me pasó ayer la triste noticia muy temprano en la mañana. Los ‘sabios’ de hoy, que solo pueden hablar de tácticas con el lenguaje esotérico que los caracteriza, no saben quién es el Gato Ansaldo, pero miles de viejos tribuneros del estadio Capwell antiguo y del Modelo sentirán un estremecimiento emocional con la noticia del deceso de quien fue, y seguirá siéndolo para la historia, uno de los más grandes futbolistas que ha dado el país y un arquero difícil de repetirse en los tiempos que corren.

Estuve junto a Clímaco y Simón Cañarte en la clínica Kennedy desde los primeros momentos del ingreso de Pablo para acompañar a su esposa y sus hijos. El diagnóstico dejaba pocas esperanzas que no fuera un milagro, pero pese al esfuerzo médico, a la fe de su familia y a las oraciones, el llamado de Dios era inevitable.

Se van con Pablo recuerdos maravillosos de una ciudad más pequeña en la que los niños se acostaban para soñar en vestir la divisa de Barcelona o Emelec. Cada chiquillo se veía driblando en el césped del Capwell o volando en el arco para salvar un gol. Y esa ilusión era la partera de grandes futbolistas que nacían de las calles o de los equipos de barrio que competían en las ligas de novatos, auténticos semilleros.

Uno de los equipos que es emblema de esos tiempos felices fue el Inglaterra, fundado en 1922, cuyo presidente fue casi siempre el recordado Toribio Espinosa de los Monteros. Fue él quien llevó a sus filas a un grupo de chiquillos entre los que estaban Pablo Ansaldo, Clímaco Cañarte, Gonzalo Chalo Salcedo y Jaime Carmelo Galarza. A inicios de los años 1950 eran inderrotables en las terrosas canchas de La Atarazana, el Jockey Club, en el viejo estadio Guayaquil, o en el Capwell, escenario para los lujos de estos pequeñitos artistas del balón.

Pablo Ansaldo, junto a Chalo y a Clímaco, pasó a los juveniles de Barcelona. Clímaco debutó en primera división a los 16 años; Chalo a los 17 y Pablo a los 18 años. Los técnicos se arriesgaban con los jovencitos y no se equivocaban. El prometedor portero estuvo en la preselección para el primer Sudamericano juvenil que iba a realizarse en marzo de 1954. Los aspirantes a los dos puestos eran Santiago Elejalde y Sixto Suárez. Se hizo un sorteo y Ansaldo -que el 25 de febrero de 1954 debutó en un amistoso ante Norteamérica- quedó fuera de la selección. En junio de ese mismo año se anunció la llegada del Charlton Athletic, de Inglaterra. El 16 de junio lo enfrentó Barcelona que puso desde el inicio a su juvenil arquero. La actuación de Ansaldo en ese compromiso internacional fue sensacional, tanto que se quedó como titular, puesto que conservó por muchos años.

En 1955 ya era uno de los mejores guardametas de Ecuador y su seguridad de manos, su agilidad, sus descolgadas espectaculares de balones que llevaban destino de gol, fueron base para que Barcelona ganara su primer título en la historia del profesionalismo.

Nunca he olvidado un partido de cuando los clásicos eran clásicos y no escenario para unos cuantos simuladores de oficio. Fue aquel que se llamó el Clásico del Helicóptero, cuando el árbitro bajó en el medio de la cancha desde esa aeronave que se veía por primera vez en Guayaquil. Lo recuerdo como un duelo apasionante con un duelo histórico entre Ansaldo y Cipriano Yulee. “La calidad de este extraordinario match puede ser comparada solamente con los mejores encuentros internacionales realizados sobre el césped del Capwell”, comentó Diario EL UNIVERSO del 14 de noviembre de 1955.

Pablo Ansaldo fue campeón con Barcelona en el torneo de la Asociación de Fútbol del Guayas en 1955, 1961, 1963 y 1965. En los campeonatos nacionales se ciñó la corona en 1963 y 1966 (temporada en la que fue campeón como jugador y como técnico). También dirigió a Barcelona al subtítulo ecuatoriano de 1982. En la era profesional fue el primer entrenador tricolor en dirigir en el extranjero. En 1970 estuvo al mando de Atlético Bucaramanga y Once Caldas.

Su paso por la Selección será siempre recordado por aquel encuentro de las eliminatorias para el Mundial 1966 en que el chileno Carlos Campos lo agredió en el estadio Modelo (2-2, el 15 de agosto de 1965) fracturándole tres costillas y la perforación de un pulmón. Entre la angustia del público y la renuencia de Ansaldo a salir (no había cambios) se perdió la oportunidad de ganar a Chile y clasificar para el certamen de Inglaterra. En la clínica los médicos dijeron que el mantenerlo en el campo podía haber causado la muerte de nuestro arquero. En adelante, Ansaldo pasó a ser un héroe al que nadie podrá olvidar.

Desde ayer, y para siempre, nuestro querido amigo Pablo Ansaldo ya es solo un recuerdo de tiempos mejores en que se jugaba con clase e hidalguía. Seguro que hasta su último morada irá cubierto con la bandera de Barcelona, el club que fue su vida y cuya divisa defendió por trece temporadas. (D)

Lo catalogo como uno de los mejores arqueros de todos los tiempos (de Barcelona), junto a Alfredo Bonnard. Había juegos en los que ni el viento le entraba. Suerte tuve de jugar con él.
Clímaco Cañarte, exjugador canario

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