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Alguien tenía que decirlo

Inter de Milán

Massimiliano Allegri

Fútbol Internacional


Este partido lo perdió Allegri

La Juventus cayó con el Inter 2-1 en el Derby de Italia (fue el 18 de septiembre último). También perdió ese día la punta de la tabla. Y aunque viene de lograr cinco Scudettos consecutivos, el diario deportivo Tuttosport puso en portada una gran foto del entrenador del equipo, Massimiliano Allegri (fue campeón en las últimas dos coronas) y un título sin vueltas: ‘Este partido lo perdió Allegri’. Y en el pretítulo ampliaba: “Elecciones discutibles: Higuaín en el banco, Pjanic de conductor, Asamoah titular…”. En pocas palabras le preguntó al allenatore: ¿qué quiso inventar…?

Me agradó sobremanera. Hacía tiempo no veía un tratamiento tan diáfano de un suceso. Sin histerismo ni temores. Es un periodismo directo, sin careta, despojado de toda hipocresía y estulticia. Periodismo que no abunda. Estuvo claro que Allegri no armó bien el equipo y se lo dicen. ¿Por qué la prensa debería esconder la realidad…? ¿Para proteger a Allegri…? ¿Qué tienen que ver el diario o el periodista con Allegri? Su trabajo es público y está sometido al escrutinio de la crítica. Esto es igual a una función teatral, el cronista de espectáculos asiste a la obra y dice si es buena o mala, no necesariamente está atentando contra el sustento del director o de los actores. Aparte, entre otras cosas por estar bajo la lupa del espectador y de la cátedra, Allegri cobra $ 5,4 millones anuales. Una bonita compensación por las tensiones. ‘Este partido lo perdió Allegri’ es un titular que representa al hincha, al lector, como debe ser, no a Allegri. Y dignifica al periodismo.

En Argentina, gran bastión de periodismo hipócrita, hubiese sido visto como algo escandaloso, atroz, una sacrílega falta de respeto (opinar no es de ninguna manera irrespetar). Se fue Gerardo Martino y absolutamente nadie se atrevió a decir que sus dos años fueron una pérdida de tiempo. No ya por los dos subtítulos en las Copas América –ser subcampeón es algo meritorio, mejor que salir octavo o décimo– sino porque evidentemente transmitió un confuso mensaje al plantel y nunca se supo verdaderamente a qué jugaba la Selección. No dejó un equipo, una forma de jugar. Fue bueno que saliera. Uno sigue regando una planta cuando ve los brotes verdes; ¿si está seca para qué seguir gastando agua en ella..?

Días pasados se dio un bonito debate radial entre Mariano Closs, brillante relator de radio Continental y Fox Sports, y varios de sus colaboradores. Closs pidió que Edgardo Bauza “no llame más a Ángel Di María y le dé una oportunidad a otros”. Le salieron con el recatado discurso de la moderación, que en realidad es autocensura: “Pedir que saquen a un jugador de la Selección es una falta de respeto. (El mismo tono moralista de aquellos que cuando se está por solicitar la sede de un Mundial piden que no haya Mundial: “Mejor es hacer escuelas y hospitales”. Por supuesto después no habrá Copa del Mundo, tampoco escuelas ni hospitales).

Closs respondió con una lógica de acero: “¿Por qué una falta de respeto…? Todo el ambiente del fútbol ve que esto está mal y hace falta cambiar el rumbo. Nosotros también somos parte del ambiente. No los estoy echando, Di María, (Sergio) Agüero, todos estos muchachos llevan diez años de Selección. No pudieron ganar nada, tal vez sea la hora de jugar con otros que están rindiendo bien en sus equipos. Aparte, es una opinión y a mí me pagan para opinar. Si no quieren sentir presión que se pongan un quiosco”.

“¿Te gustaría que alguien dijera “¡Qué mal relata Closs, habría que sacarlo de Continental”..?

“Si no gusta lo que hago, que lo digan. Es el riesgo que corro si no hago bien las cosas”.

Futbolistas y técnicos, tan hábiles y corporativos siempre, enarbolan el tema del respeto como un dique de contención capaz de frenar al Transiberiano en plena carrera. ¿Por qué se toma como algo sacrílego decir lo evidente, sobre todo cuando se opina del juego exclusivamente…? Estos jugadores cobran 8, 10 millones de dólares anuales y están sujetos a la crítica. Cuanto más famosos y ricos son, mayor presión tienen. Un discreto elemento como Pogba, cuyo pase costó $ 120 millones y tiene un salario de $ 18,5 millones €al año, si juega mal debe aceptar las críticas. Al pedir semejante retribución sabe que se somete a un severo análisis de parte de público y prensa. El club hace un esfuerzo descomunal para pagar tal fichaje y contrato, y al club lo sostienen los hinchas. Lo mismo acontece con Guardiola, Mourinho o con el presidente de Ford o de General Motors.

Argentina juega casi siempre mal, no se ve un planteo de juego, no se ve nada más que a Messi, pero todo se maquilla porque el periodismo actual vive de vender notas a los protagonistas. Y a un medio que se atreva a criticar de verdad a la Selección o a un club grande se le cierra la puerta de la concentración. No es que no le dan más notas al periodista, no atienden más al medio. Hay una gran hipocresía entre los periodistas, pero también en los protagonistas: “Que se diga la verdad”, esgrimen. Mentiras, cuando se dice la verdad duele y el protagonista –jugador sobre todo– no da más entrevistas. Y el medio de comunicación se ve en desventaja porque a la competencia sí le brinda su palabra.

Hay una frase que se ha hecho carne en el periodismo español: “Cristiano Ronaldo no se va ni de una silla” (significa que no puede gambetear a nadie), pero se la pronuncia entre susurros; quien se atreva a hacerla pública no entra más a la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Ni él ni su medio.

Meses atrás Gabriel Meluk, de El Tiempo, habló con Falcao García (aún estaba en Inglaterra) para saber cuál era su realidad, su posible futuro, su lesión, su estado de ánimo. A millones de colombianos les interesaba saber sobre este gran ídolo, escucharlo de su propia persona. Fue una entrevista magnífica donde habló de todo y echó luz sobre muchos temas que tantas veces se rumorean y no son ciertos. ¿Por qué los futbolistas son tan remisos a conceder una nota, que no solo esclarece su situación y acaba con el run run, sino que responde al atractivo ejercicio del periodismo, que es entre otras cosas llevar la palabra del actor al lector? Meluk fue fiel transcriptor de sus dichos. ¿Por qué tanta desconfianza…?

Falcao (un muchacho educadísimo) habló también para una radio argentina. Fue un placer escuchar su voz serena, sus palabras medidas y sobre todo enterarse de cuál sería su posible futuro. ¿Por qué entonces ese hermetismo consuetudinario que no conduce a nada? ¿No es mejor que estar todo el tiempo diciendo “ustedes inventan todo…”? Si Argentina fracasa en la Eliminatoria una porción importante de culpa la tendrá el periodismo que esconde realidades inocultables desde hace tiempo y se autocensura en nombre del “respeto”. (O)

Cuanto más famosos y ricos son, mayor presión tienen. El discreto Paul Pogba, cuyo pase costó $ 120 millones y tiene un salario de $ 18,5 millones al año, si juega mal debe aceptar las críticas.

 

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