El torneo de pasabolas del GTC

Casilla deportiva

Con estas notas quiero resaltar un torneo que merece exclusivamente elogios. Se jugó en el ya centenario Guayaquil Tenis Club (GTC) y acaba de concluir el primer certamen oficial entre pasabolas de la misma entidad social y deportiva.

Como ustedes deben conocer, amables lectores, el ahora popular deporte del tenis necesita pasabolas porque no se ha descubierto otra forma de recoger las pelotas que salen disparadas desde las potentes raquetas hacia zonas de fuera del juego. Se debe recurrir a jóvenes ubicados en zonas especiales, rápidos en su accionar, para que el partido siga hasta su final.

Es fácil deducir que muchos de aquellos chicos llegan a conocer muy a fondo la esencia y maravilla de este deporte y se da a nivel mundial que de entre esos chicos han salido grandes jugadores. Pero miremos algo importante.

El tenis, como muchos deportes, nació en Inglaterra más o menos en 1870 y de allí, con el andar de los tiempos, se regó en el mundo entero. Es que en la Inglaterra de aquellos tiempos a los muy ricos, gracias al coloniaje y la aristocracia, les sobraba tiempo para gastar dinero y divertirse. Obviamente, disfrutaban de sus comodidades, pero quiérase que no, impulsaron el deporte.

En el caso de Ecuador, también “importando” de Europa, las clases pudientes formaron y fundaron clubes nacionales, entre ellos, el Guayaquil Tenis Club, el 13 de agosto de 1910. Pero ya a mediados de la década del 30 siglo pasado, un joven guayaquileño, pasabolas del club, comenzó boleando con los socios y para sorpresa de los tenistas, les ganaba en los entrenamientos a todos.

Fundamentalmente eso le abrió la puerta de las competencias oficiales a un pasabolas de extracción netamente popular llamado Francisco Segura Cano, que llegó a ser campeón mundial por tres años consecutivos con sus raquetazos a doble mano y con piernas chuecas asombrando al mundo tenístico. Sus gestores e impulsadores fueron los mismos socios del GTC, encabezados por el visionario Nelson Úraga Suárez.

Tuve la suerte, en mi juventud, de verlo jugar en el coliseo Huancavilca y en el estadio Capwell en exhibición; lógicamente también en el pequeño estadio que lleva su nombre.

Yo sostengo que si no fuera por ese ejemplo de Segura el Guayaquil Tenis Club no hubiera producido como hasta ahora tal cantidad de tenistas que nos han dado glorias nacionales e internacionales, como Andrés Gómez, Nicolás Lapentti, Ricardo Ycaza, Raúl Viver y Pancho Guzmán.

Y de los que se forjaron con Segura como Carlos Ycaza Coronel, Pedro Pablo Gómez, Wladimir Lerqué, y los que surgieron posteriormente como Miguel Olvera, Eduardo Zuleta, Washington Suárez y Carita Borja. Y hay otro pasabola que los tiempos olvidan, pero que dio cátedra hasta que una enfermedad frenó su ascendente carrera: Homero Cano, quien después fue administrador del GTC y fue primo del legendario Pancho Segura.

Es indudable que algunos nombres se me escaparon, pero sí es un mérito institucional que una sola entidad acumule tanta gloria tenística como el Guayaquil Tenis Club.

Este torneo de pasabolas, que terminó el 26 de abril, con la participación de 32 jóvenes promesas, debe seguir en periodos predeterminados porque de allí surgirán tenistas que nos pueden dar gloria . De los 32 (16 en categoría intermedia y 16 principiantes) señalo a los cuatros primeros: en intermedia Salomón Barberán (campeón), Eduardo Leal, Edwin Merchán y Estiven Macías; y en principiantes Joseph Cevallos (campeón), Danny Criollo, Luis López y Bryan Zambrano.

Para terminar algo importantísimo: este campeonato se realizó por un convenio firmado el 15 de octubre del 2012 entre el GTC y el Ministerio de Inclusión Económica Social (MIES) y se lo llamó “Cultivando Deportistas y Fortaleciendo la Educación”, que ubica a estos talentos y ojalá, futuras estrellas, bajo el cuidado y atención del gran club guayaco, con una iniciativa compartida con el MIES. ¡Felicitaciones!.

 

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