El suelo inestable y el lodo propio del manglar no fueron impedimento para los más de 40 voluntarios que el sábado 23 llegaron a la ribera del estero Salado para participar de la primera reforestación de mangle.
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El suelo inestable y el lodo propio del manglar no fueron impedimento para los más de 40 voluntarios que el sábado 23 llegaron a la ribera del estero Salado para participar de la primera reforestación de mangle.
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