La voz de mando la tiene el Doctor Micro. Se llama David Santoliva (30 años). No es un hombre corpulento, no pasa del 1,70 y no tiene cara de malo; su liderazgo se lo ha ganado como el más antiguo de la Sur Oscura en Quito.
 
Sin gritar, sabe cuando advertir con la sutileza de un líder de barra brava. “A ver, a ver, me van haciendo caso. Suban a los buses. No me harán emputar”, dice, parado al pie de la Cruz del Papa, en el parque La Carolina, al norte de la capital. Frente a él, 150 barcelonistas ansiosos por anotarse en la lista de pasajeros que van a Guayaquil a dar la vuelta olímpica con el equipo de sus amores.