Para los analistas, los resultados obtenidos en las últimas elecciones nos hacen ver que existe en el electorado una tendencia hacia la reelección presidencial, independientemente de las cuestiones ideológicas, políticas, económicas o sociales que gravitan en los distintos países en los cuales el proceso electoral se ha desarrollado. ¡Qué inteligentes que somos los analistas!, para qué también. ¡Cómo nos damos cuenta enseguida de lo que sucede! ¡Y cómo analizamos!
¿Qué pasó en Venezuela? Parecía que Chávez iba a perder, pero ganó. Lo cual demuestra que marcó una tendencia hacia la reelección, que más tarde se replicó en Estados Unidos, con Obama.
Entonces, los analistas podemos colegir que, políticamente, lo que está de moda es la reelección presidencial.
Y ya. Con eso finalizo mi análisis no sin antes agradecerles por el reconocimiento que hacen ustedes no solo a mi perspicacia, sino a mi capacidad de síntesis.
Bueno, pero lo que ustedes querrán saber es cómo esa tendencia afecta a nuestra realidad, ya que, como es público y notorio, nos acercamos a un proceso electoral en que hay un candidato que ocupa la presidencia de la República y, como también es público y notorio, quiere seguir ocupándola.
La reelección de Chávez y Obama nos afecta porque, como vivimos en un mundo globalizado, todo se homogeniza. Por eso aquí también ya se va a votar por distritos aunque, lamentablemente, todavía no hay un candidato mormón que le pueda hacer calor a quien se perfila como el más seguro ganador. En cambio, sí tenemos, igualito que en Venezuela y Estados Unidos, candidatos millonarios, tanto o más que Capriles y Romney, lo cual nos da una casi total certeza de que perderán, porque los millonarios ahora no están muy bien vistos que se diga.
Vueltasmente, el candidato que aquí se perfila como ganador es bien pobrecito, o chiro, como él mismo dice. Y eso es lo que convence al mayor porcentaje del electorado: que su candidato les refleje, sea como ellos. El nuestrito solo tiene una casa en la que vive y un departamentito en Bélgica, como cualquier mortal; anda íngrimo, rodeado apenas de un centenar de guardaespaldas y escoltas; tiene a duras penas tres canales de televisión, veinte o treinta radios y cuatro periódicos a su servicio. Y nada más. Con eso ¿cómo va a hacer publicidad de su candidatura? Con razón está inundando con enormes pancartas las carreteras del país, para ver si por ese mecanismo alguien se entera de que quiere reelegirse y vota por él.
Y, cierto, casi me olvido, una sabatina por semana también tiene. Y punto. O sea, abiertamente está en inferioridad de condiciones frente a sus contendores millonarios e inmormones. De ahí que haya tenido, pobrecito, que meter mano en todos los tribunales, cortes, consejos y fiscalías, a ver si ellos contribuyen con sus leyes, con sus sentencias, con sus resoluciones, con sus omisiones a que su candidatura tenga algún sello ganador.
Chuta, y una Asamblea también tiene. Y un primo en Cofiec que es bien inocente. ¡Ya lloro!
O sea no es millonario sino un ciudadano común, igualito al reelecto Chávez, que también es pobrecito. Y, claramente, el electorado prefiere a los desvalidos, a los marginados, a los segregados por negros, como el Obama.
Por esa razón los reeligen. ¿Entendieron? No se preocupen, que yo, que soy analista, tampoco.











