Helen y Nicola libran batalla jurídica por la 'verdadera paz'

Domingo, 13 de Mayo, 2012 - 00h00
13 Mayo 2012

Esta historia empieza en África, hace 16 años. Dos jóvenes se conocen en Kitaingo, una pequeña población al este de Kenia, mientras realizan un voluntariado. Apenas tienen 18 años.

Dan clases de inglés y comparten un año antes de regresar a Inglaterra, país en el que no dejan de frecuentarse. Al cabo de dos años se unen como pareja y hoy cuentan que, desde entonces, soñaban con “viajar juntas y ayudar a los más necesitados”.

Helen Bicknell y Nicola Rothon hoy están en Ecuador. Llegaron hace cinco años; Helen vino a visitar a un amigo y Nicola la alcanzó tres meses después.

El plan era encontrar un lugar para desarrollarse en paz como personas y como pareja. La idea de establecerse, formar una familia y ser madres ya rondaba por sus mentes. Compraron un terreno en el campo y cuentan que conocieron a gente amable que no las juzgaba. Eso las hizo sentir que Ecuador era el sitio para construir aquella familia.

Nairobi, capital de Kenia, también les gustaba, pero allí no podían hacer pública su relación. El lesbianismo se castiga con cárcel y golpes físicos. “En Inglaterra y en Kenia, como en Ecuador, existen personas intolerantes que juzgan a quienes tienen un color de piel diferente o viven de una forma distinta. Es un problema en todo el mundo”, comenta Helen, de 34 años.

Ella está descalza, lleva un saco otavaleño y un pantalón verde de tela liviana. A menos de dos metros se encuentra Nicola. Luce un jean, sandalias cafés y un holgado saco de lana con figuras andinas. Una bandana cubre su enorme cabellera pelirroja con la que juega Satya Amani, la niña de cinco meses a la que consideran la hija de ambas.

Mientras Nicola termina de hablar por Skype con un amigo inglés, Helen toma delicadamente a la niña de ojos azul-cielo. El español que manejan es fluido. También es notorio que el tiempo que han permanecido entre quiteños les ha dejado una serie de modismos en el habla, como “¿cachas?” o “la Satya”.

Meses antes del nacimiento de Satya Amani, no solo la selección del nombre se convirtió en una incesante búsqueda para ellas, también, la situación de cómo inscribir a la niña en el Registro Civil. Abogados amigos habían alertado a las inglesas de que no existía en Ecuador ni un solo caso de inscripción de una niña con dos madres. Dicen, sin embargo, que esa realidad no las amedrentó. Sabían que no sería fácil, pero, aun así, decidieron iniciar los trámites porque consideraban que era su derecho.

Nicola fue inseminada artificialmente en Ecuador con el material seminal que donó un amigo cercano a la pareja. El 8 de diciembre nace en Quito Verdadera Paz o Satya Amani, su equivalente en lengua sánscrita y suajili, respectivamente.

Hoy cuentan que, tratando de cumplir con la legislación ecuatoriana, llegaron al Registro Civil 19 días después del parto para realizar dos trámites: el primero, cambiar su estado de solteras a unión libre, y el segundo, inscribir a la niña con los apellidos de su madre biológica, Rothon, y el de su otra madre, Bicknell.

La respuesta que recibieron: que no se podía porque “el compu” solo registra el estado de casada, soltera, viuda o divorciada, no de unión libre, y porque el sistema no permitía poner los apellidos de dos madres, sino los de una madre y un padre.

El caso de las inglesas puso en debate algo que, en realidad, no es nuevo en el país: las parejas de la comunidad GLBTI (gays, lesbianas, bisexuales, trans e intersexo) también conforman familias con hijos, pese a que no pueden inscribirlos como tal.

El artículo 67 de la Constitución de Montecristi, vigente desde octubre del 2008, reconoce a la familia “en sus diversos tipos”. Se añade que “se constituirán por vínculos jurídicos o de hecho y se basarán en la igualdad de derechos y oportunidades de sus integrantes”.

La redacción central de este artículo fue promovida por la llamada Alianza Transfeminista de Presencia Incómoda, una coalición que trabajó con miembros de la Comisión de Derechos Fundamentales y Garantías Constitucionales (mesa 1), de la Asamblea Constituyente.

Elizabeth Vásquez es la coordinadora política del Proyecto Transgénero, la organización que lideró el equipo. Dice que se promovió este artículo porque la realidad muestra otras formas de convivencia. “Trabajamos con personas que tienen todas las características de familia, excepto el vínculo consanguíneo y no por ello no deben ser reconocidas como tal. Son otros tipos de familia”, comenta Vásquez, exasesora de la entonces asambleísta Tania Hermida.

Helen, Nicola y Satya conforman una de esas familias diversas, pero en el Registro les dijeron que, si tenían algún reclamo, lo presentaran por escrito. Lo hicieron y la respuesta molestó a Helen. No porque les repitieron lo que ya habían escuchado, sino porque quien les entregó el documento en aquella institución mostró vergüenza al hablar con ellas. Quería acabar pronto el diálogo con la pareja y sacarlas de la oficina. “Firmen y salgan era la actitud del hombre que nos atendió”, cuenta Helen.

Con esta respuesta acudieron a la Defensoría del Pueblo para denunciar “el no cumplimiento de la Constitución” y, a través de esta entidad, se interpuso una acción de protección en contra del Registro Civil para lograr que su pedido se materialice.

Fue así como el 4 de mayo, en Quito, las dos mujeres, con la niña en brazos, participaron en la audiencia. Nicola y Helen, con una sonrisa irónica, hoy recuerdan la posición de los abogados de la Procuraduría y del Registro: dijeron que sus argumentos no eran discriminatorios y, al mismo tiempo, que allí no había una familia, que ellas no eran casadas, ni de este país. ¿La “salida” que les daban? Que la madre biológica inscriba a la niña como madre soltera.

“Los abogados del Estado siempre argumentaban que defendían el bienestar de la bebé, pero no tenían una sola prueba para decir que la Satya iba a ser más feliz con una mamá y no con dos. Dijeron muchas mentiras y jamás nos trataron como señoras, pese a que tenemos 34 años y el reconocimiento de dos uniones libres en diferentes países”, explica Nicola, con un rostro de sorpresa y fastidio.

Su miedo radica en que, si a ella le pasa algo, Satya se quedaría huérfana. “Es irónico. En Inglaterra Satya tendría dos madres, pero en Ecuador, si falto yo, Satya sería llevada a un orfanato y Helen no podría luchar por quedarse a su cargo”.

Hoy, pese a todo, las tres viven como madres e hija. La pareja tiene una propiedad ubicada a dos horas de Quito. Viven de una granja en la que se cultivan productos orgánicos, se dan clases de inglés, se reciben voluntarios de otros países y se dictan talleres de yoga. Dicen que este es el ambiente sano en el que quieren que crezca su pequeña.

Satya, al ser hija de ciudadanas inglesas, tiene el derecho a ser inscrita en ese país europeo bajo doble nacionalidad. Eso es lo que la pareja quiere para la niña. El problema radica en que, aunque las leyes de ese país permiten el registro de un menor con dos madres, Satya primero debe ser inscrita en Ecuador para luego recibir su otra nacionalidad.

El artículo 68 de la Constitución dio paso a la legalización de la unión de hecho entre personas del mismo sexo con “los mismos derechos y obligaciones que tienen las familias constituidas mediante matrimonio”.

En la práctica, sin embargo, esto no se cumple del todo. El procurador Diego García dice, por ejemplo, que a la Corte Constitucional le corresponde interpretar cuáles son esos derechos porque, al hablar de filiación, la legislación contempla “paternidad y maternidad”.

Pero la asambleísta María Paula Romo, antes de PAIS y hoy independiente, recalca que la misma Constitución señala que los funcionarios no pueden alegar la falta de ley para proteger un derecho.

Helen concluye: “Tenemos la seguridad de que vamos a ganar. No sabemos en qué instancia, pero lo vamos a conseguir, porque estamos pidiendo algo justo. Iremos hasta donde debamos ir para que se nos respete nuestro derecho a ser madres”.

Helen y Nicola libran batalla jurídica por la 'verdadera paz'
Ecuador
2012-05-12T11:39:11-05:00
Satya Amani -o Verdadera Paz en lengua sánscrita y suajili- es la niña que ha abierto el debate jurídico sobre las familias de diversos tipos y sus derechos. Es criada como hija de dos lesbianas y su caso, aunque es inédito en el sistema local, no es el único.
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