La noche del Titanic

Domingo, 15 de Abril, 2012 - 00h00
15 Abr 2012

Especial multimedia

00:25: “Aquí posición corregida 41.46 N. 50.14 O. Requiere asistencia inmediata. Hemos colisionado con iceberg. Hundimiento. Puedo escuchar nada por el ruido del vapor”. Es uno de los marconigramas (radiogramas) transmitidos por Edward Smith, capitán del Titanic, a su compañero del Carpathia, barco que también se enrumba a Nueva York. Llega tarde para el rescate. El coloso es derrotado luego de chocar contra un iceberg de casi 40 m. De eso, hace 100 años, el 15 de abril de 1912.

Las gélidas aguas del océano Atlántico van al compás de la lenta marcha fúnebre que el Titanic emprende, sin retorno. En la cabina del capitán los mensajes entre víctima y posibles salvadores navieros van y vienen; afuera los escuetos 20 botes salvavidas para los 2.196 pasajeros a bordo son alistados. Reina el caos.

Los viajeros de primera clase, ellos con esmoquin, zapatos bien lustrados y sombreros de copa alta; ellas con sus vestidos de encaje y pedrerías, abrigos de pieles y sombreros de pluma, van de un lado a otro y comienzan a ser los protagonistas de una serie de historias que siguen navegando en la actualidad. “Donde tú vayas, yo voy”, le dice Ida a su esposo Isidor Straus. Ella rehúsa a irse en uno de los botes y se queda junto a su amado. Son los equivalentes de Jack y Rose, protagonistas del filme de James Cameron, Titanic (1997), que recrea la historia de este trasatlántico.

El relato de Ida e Isidor contrasta con la de aquellos que pierden su humanidad enfrentados al ‘iceberg de la desesperación’, como Elizabeth Ramell Nye que engaña al diputado mexicano Manuel R. Uruchurtu, diciéndole que su familia la espera en EE.UU.

Él le cede su puesto en el bote y solo le pide a cambio que, cuando todo pase, le cuente a sus parientes, residentes en Veracruz, lo sucedido. Según se descubrió después, Ramell Nye no tenía ni esposo ni hijo y no se comunicó con la familia del diplomático hasta 1924.

El caos es la sinfonía principal de la trágica obra que protagonizan los pasajeros. De ella también forman parte los inmigrantes soñadores armenios, chinos, holandeses, rusos, sirios, italianos o escandinavos que querían buscar una mejor vida en Estados Unidos.

Ellos son los más reacios a abandonar el barco, no quieren arriesgarse a perder sus pertenencias y además su trayecto hasta llegar a la cubierta es hostil: todo un laberinto de pasillos y escaleras separa a los de tercera clase de la segunda y primera. El fogonero John Priest, que se encuentra trabajando en las calderas, es uno de los que lo logran. Otros no se percatan de la magnitud del desastre y algunos se enteran de lo que está pasando cuando ven sus camarotes inundados o por las bengalas de auxilio.

El reloj marca la 01:00. La proa ya está bajo el agua. Se escuchan las últimas melodías entonadas por la orquesta, que se despide con Más cerca, mi Dios, a ti. Su música no alcanza a cautivar a la muerte, impecable con ricos y pobres. El Titanic, ese microcosmo de lujo y belleza nacido en la Belle Époque de principios del siglo XX, se desmorona de a poco. Su grandeza no le sirve frente al iceberg que lo esperó, imponente, al sur de Terranova (costa noreste de Norteamérica).

01:45: “Ven tan pronto como sea posible, viejo: la sala de máquinas se está llenando hasta las calderas”. Última señal que el líder del Carpathia recibe de su compañero Smith, quien dos minutos después le estaría diciendo a su tripulación que desde ese momento cada uno ya está por cuenta propia.

Poco a poco, las clases sociales, las diferencias jerárquicas dejan de importar frente al instinto de supervivencia, aquello que todos los seres humanos comparten. Eso lo puede vivir en carne propia el millonario John Jacob Astor quien, a la 01:55, entiende que su fortuna no le alcanza para hacerse con un espacio en los botes. Atrás queda la algarabía del 10 de abril, cuando zarpó la obra diseñada por el arquitecto irlandés-británico Thomas Andrews, desde Southampton (sur de Inglaterra).

Los que se van en los botes, con una posibilidad de sobrevivir (algunos morirán de hipotermia), son los espectadores de esa obra macabra en la que ya no son admitidos. Sobre aguas calmas van los botecillos con 28 personas, aun cuando su capacidad es para 65. Se escuchan gritos a lo lejos, un Titanic que había hecho su recorrido a una velocidad excesiva se apaga a las 02:15 y luego se parte en dos bajo su peso de 47.000 toneladas. Escena contradictoria en esa noche bella y despejada.

En las aguas, muchos claman por ayuda, pero los remos de los botes salvavidas no dejan de hacer su trabajo y siguen su recorrido. La saturación mental y moral producida por la tragedia no da cabida a la probabilidad de otro naufragio. Ya no. Familias destruidas, amigos separados para siempre, la espera de un reencuentro milagroso...

Los de primera clase dejan atrás su gimnasio, baños turcos, o su menú selecto que incluyó postre de pudín de Waldorf o paté de foie gras; los inmigrantes soslayan su deseo de transformarse en grandes burgueses al ritmo de los populares vals, cancán o del ballet ruso.

Cuatro horas después de la primera llamada de auxilio llega el Carpathia a presenciar la escena final del Titanic: una masa de acero hundida, cadáveres flotantes, algunos sobrevivientes en el mar con aguas de -2° y -4° centígrados. Si Smith hubiese atendido el mensaje de advertencia del buque Californian menos de una hora antes de la colisión, ¿hubiese estado el mundo obligado a escribir innumerables epitafios sobre esta tumba en las profundidades del océano?

“¡Iceberg a la derecha!”, exclamación dicha por el primer oficial William Murdoch la noche en que mueren 1.491 personas, fue el preludio de lo que sucedería luego en el Titanic. Un hecho fatídico que, contradictoriamente, hasta hoy es capaz de generar vida artística, económica, turística, social; que trae ‘a cubierta’ un libro con historias que no dejan de aparecer, de reescribirse.

Fuentes citadas:
www.rmstitanic.net;
www.tudiscovery.com
www.elmundo.es;
www.the-titanic.com
www.nationalgeographic.com;
www.abc.es
Agencias EFE, AFP, AP

La noche del Titanic
Gente
2012-04-14T16:13:43-05:00
Aniversario. Hace cien años el histórico barco se hundió en el océano Atlántico, luego de chocar con un iceberg.
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