Pier Paolo Pasolini fue escritor, poeta, periodista y, sobre todo, cineasta. Su cine lleno de metáforas se convirtió en herramienta para poder plasmar los problemas de su país, Italia, y de la sociedad contemporánea. El racismo, el consumismo, las restricciones a las libertades individuales, son develados por él, de una manera poética pero también grotesca y brutal.

Enemigo jurado de los dogmas, políticos o religiosos, a los que consideraba ataduras que limitaban la libertad del ser humano, su actitud irreverente y contestataria le valdría la expulsión del Partido Comunista en 1947, y muchas de sus películas serían condenadas desde el púlpito por considerárselas sacrílegas.

Pasolini fue un humanista ecléctico que tomó lo mejor del marxismo y del cristianismo, para trasladarlo a su obra fílmica. Su marxismo es una orientación de vida más que una doctrina rígida, por eso su declaración de principios: “Soy un marxista que ha leído poco a Marx. He leído más a Gramsci” y su cristianismo son la esencia misma de la solidaridad.

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Su obra fílmica se la puede analizar en unas etapas diferenciadas entre sí. La primera, cuando se enmarca en el movimiento neorrealista, con obras como Mamma Roma (1962), con Anna Magnani en el mejor papel de su carrera, y Accattone (1961), en la que muestra la marginalidad y miserias de una Italia desgarrada por las secuelas de la guerra, en donde pululan las prostitutas, chulos y demás seres marginales, pero también la gente de buen corazón de las barriadas con su solidaridad como forma de combatir la pobreza.

Le seguiría una fase que consistiría en el rescate de los clásicos griegos, para ubicarlos en contextos más contemporáneos y reformular su contenido oculto, de enfrentamiento contra el fatalismo del destino, como es el caso de Edipo Rey (1967) o Medea (1969), para utilizar como paréntesis la experimental Teorema (1966), en la que cuestiona de manera contundente la institución familiar, que es destruida por la presencia de un extraño interpretado por Terence Stamp. En esta segunda etapa incluiría la hermosa El Evangelio según Mateo (1964), obra vanguardista, en la que Pasolini utiliza actores no profesionales y experimenta con la banda sonora adaptando obras de Bach, Prokofiev e introduce coros africanos y música gospel. Cuenta, además, con la presencia de un Jesús con tintes de líder revolucionario que predica con fuerza y algo de arrogancia su mensaje de amor y solidaridad.

Su pasión por la literatura medieval le hizo adaptar tres obras cimeras de ese periodo, a lo que se le denominaría la Trilogía de la vida, que sería su etapa más optimista y llena de simbolismos visuales. Sus adaptaciones de El Decamerón (1971) , Los cuentos de Canterbury (1972), y Las mil y una noches (1974) representan un fresco visual lleno de colorido y vitalidad, en el que el erotismo y el sexo es mostrado como una forma de libertad. La relectura pasoliniana de la Edad Media tira al traste el oscurantismo y la represión de ciertas partes de este periodo, mostrándolo como una época de fiesta, y amor libre especialmente en las capas populares, sin olvidar la crítica mordaz y feroz contra la institucionalidad religiosa.

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En 1975 realiza una de sus cintas más polémicas y la que se convertiría a la postre en su testamento cinematográfico: Salo o 120 días de Sodoma, una visceral adaptación de la obra del marqués de Sade. Traslada su acción a la Italia fascista, específicamente a la llamada República de Salo, donde con infinidad de medios rompe todos los esquemas fílmicos que hasta ese momento había seguido. Obra de ruptura y de denuncia que el propio Pasolini anunció como un ajuste de cuentas con una sociedad capitalista sumida en el conformismo.

En Salo todo lo transforma en fealdad, crueldad y el sexo es un instrumento de dominación, representado en cuatro hombres que son la encarnación de los poderes de la sociedad capitalista: el banquero, el sacerdote, el juez y un aristócrata. La cinta es un muestrario de los horrores a los que puede llegar la humanidad. Pocos meses después de haber terminado esta cinta y de dar una polémica entrevista a un medio de comunicación donde denunciaba el resurgimiento del fascismo en su país, es asesinado por un joven en el balneario de Ostia.