miércoles 15 de febrero del 2012 Columnistas

Francisco Pesántez Villacís

Elecciones y falta de consensos

Nuestro invitado |

Cuando escuché al Econ. Alberto Dahik afirmar que por causa del juicio penal iniciado en su contra con orden de prisión se inició una etapa de presidentes derrocados (1995-2005) él dijo una verdad histórica, pero incompleta. Yo quiero recordarles a los lectores que en diversas etapas de la vida política del Ecuador hemos pasado por lo mismo, ejemplo: desde 1925 a 1948 (23 años) ningún presidente del Ecuador terminó su mandato.

También en 1932 el Congreso Nacional descalificó a un legítimo ganador de la Presidencia, Neptalí Bonifaz, quien obtuvo 34.000 votos contra los 18.000 de Larrea Jijón, allí se alegó que era peruano, Bonifaz tuvo fuerte apoyo en las calles y se produjo “la guerra de los cuatro días”, donde las calles de Quito vieron 2.000 muertos a punta de metrallas.

En Ecuador tenemos partidos y movimientos políticos por docenas, también candidatos que de la nada aspiran a ser presidente de una vez, sin ninguna experiencia en funciones públicas. Cada diez o doce años cambiamos de Constitución, por falta de consensos y mayor madurez cívica, en cada presidencia de los años ochenta o noventa ha habido cuatro o cinco huelgas nacionales de trabajadores; la presencia de militares en la directrices políticas o su influencia en esas áreas ha ayudado a la inestabilidad.

¿Será posible un día en que los principales movimientos políticos se pongan de acuerdo en por lo menos diez puntos básicos? Y que sea quien sea el presidente, esos puntos nunca cambien? ¿Por qué el ecuatoriano gusta de tener caudillos a lo largo de su historia? Lo malo del caudillaje es que duran más o menos 15 años, excepto Velasco Ibarra que duró directa o indirectamente 40 años.

¿Por qué será que cuando no aparece un caudillo que nos dirija caemos como en el caos, en el desorden mayor? Nótese que en la historia que se enseña en los colegios, por profesores mal pagados, la mayoría, siempre se nos hace estudiar a Rocafuerte, García Moreno, Alfaro, y no se estudia por épocas ideológicas o escuelas económicas?

La falta de consensos se ha reflejado en las elecciones presidenciales, allí se puede apreciar por el número de votos de cada lista. Si hubiera habido consensos, el Dr. Raúl Clemente Huerta, ilustre patricio guayaquileño, hubiera sido presidente; tomemos como ejemplo las elecciones de presidente de 1996: candidatos: Jaime Nebot 1’035.101; Bucaram 1’001.071; Freddy Ehlers 785.124; Rodrigo Paz 513.464; Frank Vargas 187.935; Ricardo Noboa B. 115.033; Juan José Casteló 89.472; General Gallardo 46.464; Jacinto Velásquez 36.080.

Analicen ese fraccionamiento, esa división. Yo creo que si unían a la candidatura de Nebot candidatos afines a la tendencia, no ganaba Bucaram. Pero, ¿cómo un quiteño cedía un primer puesto a un guayaquileño? ¡No, jamás!, “que gane el Loco”. ¡Y de qué se quejan! Por ello creo que este es el problema.

¿Qué haremos en el 2013?

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