Jinsop, una estrella de fuego que sigue cantando baladas

JORGE MARTILLO MONSERRATE
jotamartillo@yahoo.es.- Medianoche, el bar está a reventar. Suena una balada de los años setenta que hace delirar al público. Las luces caen sobre el legendario Jinsop que canta con su estilo característico: "Esa dulzura que hay en ti/ Que me entregas cada día/ Eres mi pena y mi alegría/ Eres mi modo de ser, mi vida// No tengas miedo/ No cambies nunca/ Nuestro destino escrito está".

Esa tarde, antes de que Jinsop se presente por dos noches seguidas en el bar Sonata y Bulla de Durán, conversamos en el hall del hotel donde se hospeda. Viste cómodo, anda en zapatillas y luce una barba de varios días con la que se deja fotografiar por primera vez, dice.

Jinsop Ordirling nació en Corea hace 57 años, siendo su padre Fred Ordirling y su madre la coreana Myomghui. "Mi padre es norteamericano, él fue soldado en la época de la guerra de Corea y mi madre es coreana, ellos se conocieron ahí, se casaron y yo soy el producto de la guerra", cuenta.

A sus 15 años llegó a Ecuador de vacaciones porque su padre era diplomático en Quito, él estudiaba en Estados Unidos, pero se quedó. "Me encantó Ecuador, imagínate en ese tiempo el aeropuerto de Quito era como una estación de bus. Sin embargo, las montañas y sus casas, me enamoré de Quito".

Terminó la secundaria en el colegio Americano y como siempre le gustó la música formó el grupo Las Hormigas -antes en Corea integró la banda Dreams-, que participaba en festivales colegiales hasta que tocaron en un festival nacional junto a las bandas guayaquileñas Los Corvets, Los Hippies -luego grupo Boddega-, Los Apóstoles, cuyo representante, Carlos Berger, lo invitó a cantar en esa banda donde Héctor Napolitano tocaba la guitarra.

En 1972 vino a Guayaquil pero como el grupo era de rock pesado, Jinsop solo duró un par de meses. Es cuando Efrén Avilés Peña, de Ifesa, lo contrata para grabar esas canciones de Paul Anka, Animals, Bob Dylan y otros artistas norteamericanos que Jinsop traducía y cantaba a su manera. En ese estudio discográfico trabajó junto al recordado arreglista Héctor Manito Bonilla, transformando a baladas, canciones gringas.

Es así como fueron saliendo sus discos de 45 rpm, éxito tras éxito: Puppy love, Caballo de acero, Dulzura mía, Yo pienso que tú eres la mujer, La casa del sol naciente, Estrellita solitaria, Ven chiquilla, ven; Rosas y claveles, Atar un lazo arriba de un rosal y muchas otras.

En esa época, el negocio era grabar discos de 45 porque las ventas eran grandes, en Ecuador había como 100.000 rocolas y un éxito vendía de 60.000 a 80.000 discos. "Yo nunca pensé que iba a ser famoso, pero de repente el Jinsop ya era famoso -expresa con su español medio chino y gringo-. Me solicitaban por todas las provincias. Imagínate, todavía canto y ya tengo treinta y pico de años, la gente pide mis canciones. La gente no se olvida todavía de mí y eso agradezco".

Era tan popular que no podía salir a comer porque la gente lo seguía y le pedía autógrafos, por la noche se disfrazaba. Sus honorarios eran altos, por una presentación cobraba 25.000 sucres, mientras otros pedían entre 1.500 a 3.000 sucres, piensa que tal vez eso ayudó a otros artistas nacionales a cotizarse mejor.

Recuerda que todos lo querían, podía caminar por cualquier barrio o zona peligrosa del Ecuador. "Una vez me jalaron para asaltarme, pero se dieron cuenta y dijeron: Ah, tú eres chino Jinsop. Púchicas, cántate Caballo de acero; y se dieron cuenta de que yo era y me escoltaron para que salga de esa zona".

Jinsop se enamoró y casó con una quiteña con la que tiene tres hijos, todos nacidos en Quito. En 1980 se nacionalizó. "El señor presidente Febres-Cordero me dio la ciudadanía ecuatoriana, salió en el Registro Oficial y me siento orgulloso".

Desde hace 12 años vive en Nueva York, donde es socio de una joyería y dueño de una florería. "Le adoro al Ecuador, pero no me arrepiento de irme, aquí el gran problema es la política, yo no sé cuándo va a curar eso -expresa con voz firme-. Tuve que salir del Ecuador para darle una vida mejor a mis hijos".

Ahora todos son profesionales. Con Álex, quien es músico, Jinsop ha emprendido su más reciente propuesta musical: grabar un disco con diez pasillos emblemáticos.

"Ese sería el último de mis discos para agradecer a mi público y dejar como un lindo recuerdo -manifiesta emocionado-. Ya no me queda mucho tiempo tampoco, para nadie la vida es eterna. Yo ya tengo mi edad y tengo que preparar mi retiro, quisiera dejar unas lindas músicas nacionales en el estilo de Jinsop para que le guste a la juventud y los mayores".

Hasta ahora ha grabado: Romance de mi destino, El aguacate y Sombras, cree que durante este año vendrá a lanzar ese material discográfico.

También le gustaría recuperar las pistas originales de unos 40 temas que grabó -a lo largo de dos años y con arreglos de Manito Bonilla- para Ifesa y que la disquera no produjo y se cree que están en poder del hijo de Leticia Pino.

La tarde cae. Jinsop desea descansar para esa noche darse de lleno a su público. Le pregunto cuál es la canción que no puede dejar de interpretar y de una responde: "Campos verdes, la gente -toda la vida- me pide, fue un éxito, el disco que mayor ventas tuvimos. La casa del sol naciente, Dulzura mía, esos también tengo que cantar obligado".

La última: ¿Jinsop qué significa? "Jinsop es un nombre coreano, mi abuelo materno me lo puso y significa estrella de fuego".

Ese viernes, más allá de la medianoche, Jinsop empieza a cantar Los campos verdes y su público siente que sobre ellos cae estrellas de fuego: "Los campos verdes que yo sentí/ Bellas historias que nunca olvidaré/ Tu rostro triste y el brillo de tu piel/ Cada minuto llorando pienso en ti/ Volver a los campos y a mí, otra vez".