'El alma en los labios' del poeta Medardo Ángel Silva

Jorge Martilllo Monserrate
.- Uno. Señales suicidas: Recuerdo que a finales de los años ochenta, tres policías -en días diversos- se suicidaron por decepción amorosa escuchando el pasillo El alma en los labios, en voz de Julio Jaramillo, su versión más popular. Esas trágicas noticias, la leí en los diarios de la época. Los tres habitaban en el barrio contiguo al Cuartel Modelo y se mataron empleando las armas de fuego entregadas por el Estado.

Siempre me llamó la atención ese hecho. En esa época era profesor del colegio Aguirre Abad, cercano al barrio de los policías y ahí me confirmaron la noticia. La mayoría de mis alumnos eran hijos de policías. Ese hecho de sangre era un excelente pretexto para un texto literario que jamás escribí.

Demás está decir que El alma en los labios es el poema más conocido de Medardo Ángel Silva, en gran parte, gracias a que fue convertido en canción. Versos que, según la leyenda, Medardo Ángel Silva escribió a pocos días de suicidarse. Lo hizo a mano, con tinta roja y los dedicó a Rosa Amada Villegas.

Es imposible omitir las señales biográficas de Medardo Ángel Silva Rodas, quien nació el 8 de junio de 1898. Tampoco que se enamoró de Rosa Amada Villegas Mora, de 14 años y domiciliada en Morro 704 entre Bolívar y Quisquís (actual Rumichaca entre Víctor Manuel Rendón y Quisquís).

Aunque también tuvo otro amor, pero secreto: Ángela Carrión Vallejo, muchacha que vivía desde 1918 en su casa. La criaba su madre, Mariana Rodas, a petición de unas monjas. En 1919 nació la única hija del poeta: María Mercedes Silva Carrión (quien murió el 9 de agosto de 1981).

La muerte del poeta, hace 92 años, fue el 10 de junio de 1919, a escasos días de cumplir sus 21 años. Detallan sus amigos y biógrafos que esa mañana, Silva despertó resfriado.

Por la tarde, vistió de traje negro, zapatos de charol, bastón, corbata de seda negra y se dirigió a casa de Rosa Amada. Allí, ante ella, murió de un disparo en la cabeza. Tiempo después, ella se casaría con el poeta y músico Lauro Dávila, autor, nada menos que de la letra de Guayaquil de mis amores.

Dos. Señales de un poema hecho canción: El azuayo Oswaldo Carrión en su libro Lo mejor del siglo XX. Música Ecuatoriana, al abordar la historia de la canción afirma que Silva escribió el poema El alma en los labios en diciembre de 1918.

Por su parte, Ana Paredes en el libro Del sentir cuencano cuenta que Francisco Paredes Herrera -Cuenca, 8 de noviembre de 1891-Guayaquil, 1 de enero de 1952-, a la edad de 28 años, cuando visitaba su ciudad natal -pues residía en Guayaquil-, el 15 de junio de 1919 se entera de la trágica muerte de su amigo Medardo Ángel Silva. Golpeado por ese hecho sangriento selecciona el poema El alma en los labios y decide ponerle música.

A los pocos días, el 22 de junio el pasillo estaba listo. Al siguiente día, la canción fue entrenada en Cuenca en voz de la cantante Estrella Irú.

Después otros artistas interpretaron y grabaron ese tema, hoy un clásico. Según información del arquitecto Alfredo Enderica -el cuarto mayor coleccionista a nivel mundial de las canciones de Julio Jaramillo- fue en 1960 que Míster Juramento grabó para sello Ónix un disco de 45 revoluciones el pasillo: El alma en los labios, en el Lado B estaba Endechas. Años después ese tema formaría parte del longplay Pasillos de siempre de Julio Jaramillo.

Tres. Señal poética y sonora: Me sirvo un vaso de cerveza, aplasto play sin ánimos suicidas y suena la voz de Jota Jota, interpretando el poema de Medardo Ángel Silva y musicalizado por el genial Francisco Paredes Herrera: "Cuando de nuestro amor, la llama apasionada,/ dentro tu pecho amante, contemples ya extinguida;/ ya que solo por ti la vida me es amada,/ el día en que me faltes, me arrancaré la vida.// Porque mi pensamiento, lleno de este cariño,/ que en una hora feliz, me hiciera esclavo tuyo;/ lejos de tus pupilas, es triste como un niño,/ que se duerme soñando, con tu acento de arrullo,/ que se aduerme soñando, con tu acento de arrullo.// Para envolverte en besos, quisiera ser el viento,/ y quisiera ser todo, lo que tu mano toca;/ ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento,/ para poder estar más cerca de tu boca.// Perdona si no tengo, palabras con que pueda,/ decirte la inefable, pasión que me devora;/ para expresar mi amor, solamente me queda/ rasgarme el pecho amada y en tus manos de seda;/ dejar mi palpitante, corazón que te adora".

Cuatro. Última señal: Y, ¿tú te matarías por amor?