Son esas cosas que se le graban a uno, sabe Dios el porqué. Un domingo de mayo de 1974 llegó un cable fechado en Montevideo. ‘UN GOL DE ARCO A ARCO’, decía. ¿Cómo? Se nos abrieron los ojos como moneda de a peso. Lo leímos dos veces. No podía ser. Pero era. Y no en un partido amistoso, un gol oficial por el campeonato uruguayo de fútbol.











