Al Dr. Plutarco Naranjo

“Por casi 70 años he escrito una columna semanal para diarios del Ecuador y otros países...”, comienza diciendo el artículo de despedida del Dr. Plutarco Naranjo, publicado el martes 27 de marzo del 2012 en Diario EL UNIVERSO.

El insigne y extraordinario médico, científico, historiador y escritor se despidió de esa columna de EL UNIVERSO, pero nos deja un gran legado de sus obras de investigación, como un aporte a la medicina en el campo de la alergología, la nutrición, la farmacología, la higiene, las ciencias naturales y la historia.

Es muy grato leer sus artículos de salud concediéndonos consejos sobre alimentación, puesto que estudió las propiedades de muchas plantas y alimentos como la papa, yuca, maíz, etcétera. Siendo pionero de la etnomedicina en el Ecuador y la medicina tradicional aborigen, así como sus ilustraciones históricas plasmadas en sus obras como las del médico precursor Eugenio Espejo y el ilustre ecuatoriano Juan Montalvo; son innumerables las publicaciones científicas acreditadas en revistas nacionales y extranjeras, más de 500, es decir, toda una vida al servicio de lo humano, entregándonos sus sapiencias. Me sumo al sentimiento de gratitud y aprecio de los que hemos disfrutado con las lecturas de sus conocimientos. Saludos, Dr. Plutarco Naranjo.

Marcelo Vargas Velasco,
médico pediatra, Babahoyo, Los Ríos

Derechos del buen vivir

Entre los tantos nuevos derechos que se crean en la Constitución Política vigente, se encuentran los “Derechos del buen vivir”. Pero ¿qué es el buen vivir? La Constitución no proporciona una definición y en cambio, en el capítulo segundo, destina varias secciones que se sobreentenderían como los componentes de tales derechos. Las secciones son: agua y alimentación, ambiente sano, comunicación e información, cultura y ciencia, educación, hábitat y vivienda, salud y trabajo y seguridad social. Se consignan pues muchos derechos, pero en pocos se indica cómo se llevarán a la práctica. Por ejemplo, el artículo 30 sobre hábitat y vivienda dice: “Las personas tienen derecho a un hábitat seguro y saludable, y a una vivienda adecuada y digna, con independencia de su situación social económica”. Pero ¿cómo será una habitación segura y digna, y más aún si se la imagina “independiente de la situación económica”?

El artículo 33 sobre el trabajo dice: “El trabajo es un derecho y un deber social, y un derecho económico, fuente de realización personal y base de la economía. El Estado garantizará a las personas trabajadoras el pleno respeto a su dignidad, una vida decorosa, remuneraciones y retribuciones justas y el desempeño de un trabajo saludable y libremente escogido o aceptado”. Salta a la vista que el Estado aparece como un ente muy generoso, hasta paternalista, al garantizar “remuneraciones justas, y el desempeño de un trabajo saludable y libremente escogido o aceptado”. Pero ¿qué es lo “justo”? ¿Y cuándo llegará aquello de que la persona pueda escoger el trabajo que le guste o le convenga? ¿Y podrá advenir tal cambio en medio de la desocupación y el subempleo?

Aunque designado con otros términos, el buen vivir ha sido desde hace años tema de encuestas, discusiones, escritos y libros. Brevemente recojo conclusiones del reciente libro de Carol Graham, de la Universidad de Oxford, titulado: Happiness Around the World. The paradox of Happy Peasants and Miserable Millonaires (La felicidad alrededor del mundo. La paradoja de campesinos felices y millonarios desdichados). Para Graham y varios autores que ella cita, la felicidad (como el buen vivir) tiene componentes emocionales, subjetivos, difíciles de medir, muy relativos y que varían según las personas y las circunstancias. Pero la felicidad tiene también componentes objetivos y medibles, entre ellos, el nivel de desarrollo económico, remuneración o renta, riqueza, salud, relaciones estables. Del libro se desprende que felicidad o buen vivir dependen, en su vertiente objetiva y fundamental, de la situación económica de las personas y las sociedades. Una mediocre o mala situación económica repercute negativamente en el buen vivir. Entre nosotros, un primer escollo en la consecución del buen vivir, escollo difícil de superar, es el relativo al trabajo y la remuneración. Volviendo a nuestra Constitución, el derecho al buen vivir allí consignado, aunque provenga de generosa intención legislativa, resulta ambicioso y suena a aquello de “yo te ofrezco, busca quién te dé”. El buen vivir vendrá, si viene, con el fin de la pobreza social.

Pero ¿qué es lo “justo”? ¿Y cuándo llegará aquello de que la persona pueda escoger el trabajo que le guste o le convenga? ¿Y podrá advenir tal cambio en medio de la desocupación y el subempleo?