Lograr una verdadera inclusión, ¡sueño de todos!, asimismo, ¡es trabajo de todos!: gerentes, jefes, equipos de trabajos, familias, compañeros, amigos, gobiernos, y sociedad en general. ¿Acaso esto no es cierto, queridos amigos, involucrados en la conducción y desarrollo del talento humano? Establecer un programa de inserción, desarrollo y promoción para las personas con discapacidad no resulta una tarea sencilla.
La inclusión de personas con discapacidad no termina con su contratación en una empresa de trabajo, sino que precisamente allí comienza, y hay que hacerlo bien. Para establecer el nivel de discapacidad en una persona, el Conadis (Consejo Nacional de Discapacidades) considera la interacción de varios agentes adicionales al diagnóstico médico, como la interrelación entre el factor socioeconómico, cultural y de formación académica. Examinando este concepto podemos destacar dos grandes debilidades en Ecuador, las deficiencias estructurales del sistema educativo ecuatoriano (en este momento en proceso de cambio), la incidencia directa del factor económico, y definitivamente el esquema cultural que afecta directamente en el comportamiento de los seres humanos.
Asimismo, tenemos la mediación psíquica que en las personas con discapacidad, como en todos nosotros, va modificando esquemas mentales y comportamientos. Deberíamos examinar también y determinar de forma individual, en qué medida estaría influyendo el tipo de discapacidad en el cambio conductual de los colaboradores de una empresa. He aquí dos ejemplos sencillos: la influencia de la sobreprotección de sus padres, y la influencia del tipo de discapacidad física e intelectual en la conducta de estos trabajadores. Se suma el apoyo incondicional del Gobierno –a mi criterio adecuado– pero fácilmente percibido como paternalista, y que ocasiona que muchos colaboradores o trabajadores presenten conductas inapropiadas; exigiendo ser tratados con consideraciones especiales, aisladas de los apoyos laborales necesarios que debemos tomar en cuenta para que ellos puedan desenvolverse de manera eficiente en un puesto laboral. Gran desafío para los que creemos que este nuevo reto ofrecerá nuevas oportunidades de aprendizaje para las organizaciones empresariales. Sugiero meditar si deberíamos contar con una estructura de soporte psicológico clínico o de asesoría psicológica externa para el tratamiento de estos casos. Existen abogados sin vocación que dan información errada y asesoran de forma malintencionada a trabajadores con discapacidad con la finalidad de sacar réditos económicos en litigios legales. Trabajadores y padres de familia, no permitamos que nos utilicen, formemos parte de este proceso de forma ética y leal para que mañana nuestros hijos con capacidades especiales (que quede claro que todos tenemos capacidades especiales) tengan la oportunidad de ser parte de las organizaciones que mueven el país.
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Mara Alvarado N.,
Guayaquil













