Para no quedar mal frente a un espejo, pueden catalogarme como un adolescente. Al formar parte de este selecto grupo conformado por edad y pensamiento, no debería de hablar sobre este periodo de vida, con garbo forzado y sabiduría de cuarta. Pero sí debo crear un concepto rápido sobre la adolescencia, debería de invocar a los antiguos espíritus del surrealismo.
Dentro de una limitada cesta de nombres saco el del multifacético francés Jean Cocteau, quien según uno que otro sitio de internet con fondo verde chillón, dijo lo siguiente: “La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere”.
Tomo las palabras de este enunciado como una guía a seguir, mientras me adentro al confuso mundo de la producción británica Skins, la cual narra de manera convincente, la vida y muerte de una adolescencia maldita en Inglaterra.
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Sus primeras dos temporadas son obras de gran valor artístico; mostrando altos niveles de producción. Cada capítulo de una hora de duración se desarrolla como si fuera un cortometraje; de aquellos que uno ve por error un sábado en la tarde y que lo dejan perplejo y con ganas de más.
Los episodios que estrenaron Skins se centraron en los coloridos personajes que integran el drama. Cada uno demuestra ser el sueño de un escritor, puesto que narran con una firme delicadeza las vicisitudes de estos adolescentes, que se marean en un camino zigzagueante de sexo, drogas, embarazos, peleas y confusiones existenciales que sonrojan a propios y extraños.
Los argumentos a veces inverosímiles, se vuelven creíbles cuando nos ponemos a analizar las diferencias entre nuestras sociedades. Muchas veces la temática presentada parece salir de un libro de ficción, pero los críticos británicos la han alabado desde su inicio debido a su realismo. Pero para un público televidente como el nuestro, las crudas y supuestas verdades que muestra Skins terminan asemejándose más a un realismo mágico.
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La primera generación de personajes soplan la frescura del viento antes de la lluvia.
Bien retratados y perfectamente definidos dentro de los confines de su confusión. Tony es el chico popular, manipulador por excelencia. Michelle es a veces su novia, y reprocha el hecho de que Tony juegue con ella y los demás y termina acostándose en repetidas ocasiones con Sid.
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Este individuo siempre ha estado encaprichado con ella, pero a la vez se enamora de Cassie, uno de los mejores personajes que ha tenido la televisión mundial. Una chica olvidada por sus padres desde el nacimiento de su nuevo bebé, sufre de desórdenes alimenticios y ha intentado suicidarse.
Sin embargo, uno sonríe en cada oportunidad que su delgada anatomía entra en escena, con ojos desorbitados y sonrisa de conejo maltrecho.
Pero esta delicia de programa sufrió los mismos problemas que una adolescencia revuelta y marcada por un caos idealista.
Luego de sus magistrales primeras temporadas, la producción de la serie decide jubilar de manera forzada a su elenco principal, dejando solo a Effy, hermana de Tony, liderando a un nuevo grupo de actores y personajes.
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La mente de Cocteau vuelve a aparecer en mi línea de pensamiento y define con claridad el estado actual de la serie. Si antes los personajes eran instantáneamente reconocidos y queridos, la segunda generación de actores demuestra una tácita inmadurez que no refleja para nada los conceptos manejados en sus dos primeras temporadas. Resulta complicado tolerar un solo capítulo y peor aún, aceptar el confeso amor de los productores de la serie con el personaje de Effy.
Los personajes clásicos del drama sabían cuándo se equivocaban y tarde o temprano salían en busca de su redención.
Effy es egoísta y el centro de su limitado universo; tambaleándose irracionalmente al no encontrar un racionamiento lógico que la mantenga de pie. Esto es abrumador y es cansino.
La producción simplemente no quería seguir con su elenco original, pero sin saber claramente qué quería a cambio, adónde deseaba llegar y sobre todo cómo. Las primeras dos temporadas de la serie Skins retratan a la perfección una sociedad británica en decadencia, pero con una esperanza que levita sobre la conciencia de sus personajes.
La segunda generación del programa nos muestra de manera errática lo aburrido que puede ser dicho grupo de personas y cómo hasta la gente con gran experiencia creativa, puede cometer errores de adolescentes.
MTV, viernes 21:00.



















