En un ecléctico despliegue de buen gusto musical, Ojos de Perro Azul, en el corazón de la Zona Rosa, ofrece a sus clientes la oportunidad de escuchar desde pasillos contemporáneos y boleros inmortales hasta lo mejor del rock clásico de los sesenta y setenta y próximamente a los inventores del rock en los años cincuenta, negros y blancos en lo que será, a no dudar, una velada extraordinaria. Y así llegamos al tributo que “Flying Tree Band” le rindió a “Credence Clearwater Revival” y “Grand Funk Railroad”.

Lalo Wong en bajo y vocales, Tito Haenzel en guitarra eléctrica y Estéfano Farah en  batería mantienen con vida la ya extensa trayectoria de “Flying Tree Band”. Interpretando a Credence comenzaron con  Bad Moon Rising y todas aquellas imágenes tenebrosas del pantano con luna llena que es parte del imaginario de este “revivir” en la música tan original de Credence que de 1969 a 1970 se convirtió en la banda de rock más popular de Estados Unidos, revestidos de una reputación por hacer música seria sin recurrir a los artilugios de moda.

Con Lalo Wong en clara demostración que hoy en día es uno de los pocos buenos cantantes de rock y alternando vocales con Tito hicieron  Proud Mary  evocando todo ese mundo rural  y folclórico del Misisipi.

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Pero fue con Fortunate Son que la banda realmente despegó del calentamiento, en base a una sincronización total con Estéfano Farah derrochando una sólida consistencia en batería y Tito Haenzel que comenzaba a confirmar su reputación con espectaculares “Riffs” de guitarra.

Travelin Band fue una ratificación que Lalo Wong es hora de que salga al frente sin ambages como el muy buen cantante de rock que aún no se decide a mostrar su talento.

La música de Credence unificó todas las tendencias en los sesenta, juntando a los revolucionarios intelectuales con el populismo proletario, y convirtiéndose en el paradigna de la “banda blanca para bailar” indiscutible de la época como atestiguamos con  Suzic Q  y Tito Haenzel apoderado del show, tocando completamente seguro de sí mismo.

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En la segunda mitad del show rindieron tributo a “Grand Funk Railroad”, una de las bandas “hippie” por excelencia cuya fanaticada consistía en las llamadas “teeny boppers” chiquillas perversas, en mayor o menor grado, que recién salidas de la pubertad y entrando a la adolescencia se convertirían luego en las clásicas “groupies” o damas de compañía gratis para las estrellas de rock.

Con el nacionalismo de American Band en evidencia, y la euforia de Are You Ready que provocó quizá lo mejor de Tito tocando guitarra con agilidad y mucho “feeling” llegaron a Heartbreaker lento y con sabor a blues que distingue a Grand Funk como talentosos, y no solo lamparosos, compositores originales.

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Some Kind of Wonderful, al final de este representativo programa, sintetiza la música desprovista de pretensiones, buscando siempre el jolgorio, que caracterizó el final de la década del sesenta.