En los últimos tiempos nos llama la atención ver casos de muerte o lesiones irreparables de pacientes que son víctimas inocentes de la impericia y la falta de conocimiento de profesionales sin formación especializada. Pero el problema tiene profundas raíces que se inician desde los colegios y luego  en universidades, con sus escuelas de medicina y docentes, al permitir el ingreso indiscriminado de cuanto estudiante se presente al alma máter.

Conociendo la gran responsabilidad que implica desempeñar una profesión tan noble como la medicina, debemos analizar los diversos factores que incidieron en la preparación deficiente y, sobre todo, en el bajo índice de rendimiento colegial de algunos estudiantes que pretenden ingresar “por suerte” a las diferentes facultades de ciencias médicas, con promedios regulares o insuficientes. Considero necesario que dichos educandos deben estar motivados constantemente a  la búsqueda del conocimiento científico.

La masificación estudiantil, unida a la falta de preparación, obliga a replantear alternativas académicas para lograr la excelencia. Por ello son muy loables los requisitos y propuestas de selección estudiantil, como cursos de capacitación o de nivelación que tratan de implantar nuestras autoridades universitarias, para que ingresen a las facultades de medicina quienes merezcan verdaderamente dicha oportunidad por su preparación y su deseo de estudiar, aislados obviamente de todo compromiso político.

Publicidad

Debo hacer un llamado a los padres de familia y a los gobiernos de turno de que no es una actividad discriminatoria, que deben analizar profundamente las aptitudes de sus hijos o de  los estudiantes y, si es posible, consultar con un orientador vocacional, ya que alumnos que desean ingresar a medicina deben demostrar su capacidad con notas y tener la cultura de ser evaluada su preparación académica, ya que solo deben ingresar los más aptos.
 
Para ser médico se debe tener vocación de servicio, cultura de lector, destrezas manuales y mantener constantemente una actitud de autoanálisis que hace posible la permanente superación científica. Por ello, ningún centro de enseñanza superior quiere patrocinar la formación de profesionales mediocres, deshumanizados y faltos de preparación; más bien aspira a formar a médicos preparados para la búsqueda incesante de la excelencia académica, de la investigación y difusión de la ciencia.

José Genaro Ramírez Orejuela,
doctor, Guayaquil