Soy la hija de un ex trabajador. El motivo de esta carta es para quejarme.
Desde agosto del 2009 les suspendieron a 420 jubilados de Autoridad Portuaria de Guayaquil el sueldo que era de $ 356 mensuales desde el año 2003. Ahora con la “revolución” reciben $ 17,08 por mes.
Estas personas dedicaron toda su vida al trabajo y envejecieron sirviendo al país, ahora son unos ancianos enfermos que necesitan medicinas y buena alimentación. El Seguro Social no cuenta con todos los medicamentos.
Existen jubilados que han recaído en sus enfermedades y algunos están graves, muriendo a causa de la suspensión de sus sueldos. ¡Hasta cuándo tanta injusticia y atropello a los pobres! ¿Acaso se puede vivir con $ 17, con esa miseria?
Estos viejitos merecen una vida digna, ya entregaron todas sus fuerzas, a cambio de qué. Ellos están en sus últimos días, devuélvanles su plata; se la ganaron sudando, pasaron malas noches, dejaron a sus esposas e hijos solos por trabajar; ahora merecen vivir con lo que les corresponde, no piden limosna. Necesitan ayuda.
Yo no sé a quién recurrir. Mi padre necesita medicamentos –cada pastilla cuesta alrededor de $ 5–, vitaminas y leche especial en tarro; padece el mal de Parkinson y cada vez empeora. Esas medicinas no hay en el IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social). Soy una persona de escasos recursos económicos, sin trabajo como mi esposo.
El sindicato de jubilados de Autoridad Portuaria solicitó audiencia a la Comisión de los Derechos de los Trabajadores de la Asamblea, sin recibir respuesta. Pido que se ponga más énfasis a los jubilados.
Déjense de tantas cadenas, de usar la plata de los pobres, de interrumpir la programación y devuelvan la plata de los jubilados ¡ya!
Sandra Castro Bustos,
Guayaquil