Tema
Cristo Rey
Al Dios hecho un Niñito que veremos en la Navidad, en este postrer domingo de nuestra liturgia, lo contemplamos hecho Rey del Universo.
No se trata de un reinado figurado ni simbólico. Se trata de un reinado misterioso, pero auténtico y real. Distinto ciertamente de los reinos terrenales, pero reino de verdad. Un reino con su Rey, sus leyes y sus súbditos. Un reino que es perfecto porque es Cristo, pero que aquí en la tierra, hasta que acabe la historia, nunca se encuentra acabado. Un reino al que se pertenece solo si se quiere cada día más a Dios y a los demás.
Hoy nos habla de este reino el evangelio de la misa, recurriendo a la conversación habida entre el gobernador Pilato y Jesús de Nazaret, el carpintero.
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Al romano le han venido con el cuento de que el artesano quiere rebelarse contra el César. Pero aunque sabe que no es cierto, como le asombra la serenidad con que el supuesto cabecilla de insurgentes enfrenta su inminente muerte, no resiste la curiosidad y le pregunta: “¿Eres tú el rey de los judíos?”.
No sabemos qué esperaba oír Pilato. Pero sí sabemos que cuando Jesús responde “¿dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”, Pilato se sintió ofendido y replicó: “¿Acaso soy yo judío?”.
Jesús quería que dijera quién le había hablado de su reino. De modo que cuando el gobernador le confesó “tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí”, le dijo abiertamente: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que yo no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí”.
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La reacción de Pilato fue una mezcla de sorpresa y de desprecio. Por eso, tras mirar de arriba abajo al carpintero, dijo socarronamente: “Con que, ¿tú eres rey?”.
La respuesta de Jesús fue contundente: “Tú lo dices: yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”.
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Hay en la respuesta de Jesús dos luces que querría destacar este domingo. La primera es que Jesús nos dice la verdad a todos. La segunda, que tan solo escucha su palabra quien “es” de la verdad.
Lo primero, al menos para mí, no encierra ningún secreto. Porque solo Él nos dice cómo son las cosas que en verdad importan. Solo Él le dice al hombre qué es el hombre.
Lo segundo es para mí lo más interesante. Porque el “ser” de la verdad, al darnos la capacidad de oír a Dios, es lo que, a fin de cuentas, lo decide todo.
¿Y cómo usted y yo podemos “ser” de la verdad? Pues procurando –convencidos que el más insuperable sordo es el que no quiere oír, vivir con la disposición de hacer– siempre ayudados por Dios, lo que Jesús nos dice.
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