Entre pastizales amarillentos, terrenos secos por el estiaje y el poco chaparro que queda en las cimas de los cerros de Gun Grande, en el cantón Cañar, sobresalen dispersas y flamantes casas de ladrillo, de hasta tres pisos y techo de zinc, construidas con el dinero que envían desde los Estados Unidos, los indígenas que empezaron a emigrar de esta zona hace menos de un década.















