El tomate es una fruta ampliamente utilizada en nuestro medio.
En la antigüedad se la consideraba una fruta “vigorizante”, no muy recomendada para aquellos con temperamento fuerte, debido a la creencia de que podría incrementar esta particularidad.
Hoy, es probablemente una de las frutas más consumidas del mundo entero, y sus variedades y propiedades, así como sus efectos en el individuo, son discutidas entre quienes son conocedores del tema.
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Uno de los beneficios nutricionales más conocidos y más actuales del tomate es su poder anticancerígeno, debido a la presencia de licopeno, una sustancia natural y de poder antioxidante que se encuentra en el tomate, especialmente en aquel crudo o con poca cocción.
Sin embargo, aunque el tomate sí podría considerarse anticancerígeno, poco justo sería no decir que en realidad toda fruta y todo vegetal es considerado anticancerígeno. De hecho, la dieta vegetariana es anticancerígena por excelencia y todo consumo de vegetal o fruta está vinculado a la protección frente a enfermedades.
El tomate también es conocido, aunque muchísimo menos, por su poder diurético. Esto significa que favorece la eliminación de líquidos retenidos, ya sea por un exceso de comida la noche anterior, por la aproximación de la menstruación o por patologías más constantes como la hipertensión y la hiperuricemia.
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En unas pocas palabras más, me atreveré a recomendarles que compren siempre el tomate al natural y, si fuera necesario, que lo conviertan en salsas dentro del hogar, para mantener la frescura y propiedades intactas, así como que lo combinen con unas pocas cucharaditas de aceite de oliva para favorecer la absorción de sus nutrientes más importantes.


















