Sepultura, live in Sao Paulo y Mago de Oz, Madrid, Las Ventas son las filmaciones que presenta la Casa de la Cultura hoy y mañana, a las 19:30, en el tercer ciclo de cine Maestros del rock, cuyo valor de entrada es $ 1.
El concierto que se presentará el jueves lo brindó Sepultura el 3 de abril del 2003, en el Auditorio Olimpia de Sao Paulo. Con una decoración escénica de corte macabro y siniestro de fondo, y un multitudinario público haciendo la señal diabólica mientras corean el nombre de la banda. El grupo arranca con guitarras, bajo, batería y la voz de un brasilero-americano vociferando en inglés.
Para todos aquellos fanáticos de trash, rock ultrafuerte, metalero y satánico esta es una filmación insignia, que responde a una antiestética así como al feísmo y al monstruismo en la pintura.
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Una pared de sonido, sin claros ni pausas está acompañada vocalmente por gruñidos estereotipados como la voz que emiten los poseídos por el diablo. Con leves variaciones en la velocidad, algunos efectos electrónicos, buenos riffs de guitarra y algunas admoniciones, como “Quiero remecer tu jodida actitud”, del vocalista, el concierto transcurre sin concesiones estéticas.
En Madrid, Las Ventas este sonido gótico, con aires de Jethro Tull nos demuestra lo mejor del rock ácido español, tipo Judas Priest, en un concierto fastuosamente escenificado en el recinto de Las Ventas, en Madrid, considerado como la Catedral del Toreo, que solo se abre para las grandes estrellas.
La filmación muestra claramente los alcances de una producción rockera, un escenario convertido en un barco pirata con dos niveles, que le permite a la banda gran movilidad.
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Espectaculares, dramáticos y disfrazados como el Capitán Sparrow, de Piratas del Caribe, este rock dinámico clásico y algo ácido se va mezclando con violín y flauta, sonando cada vez más como algo del medioevo. Incorporando elementos visuales, como una pareja de strippers y odaliscas orientales, el concierto toma una orientación lírica, apoyado en tres bellísimas violinistas y una violonchelista que añaden una dimensión íntima y original a un concierto de rock muy especial.



















